Cuando de administrar justicia se trata, la idea es acercarse lo más posible al  punto medio, para desde ese sitial emitir las resoluciones que contienen las sanciones de los casos que se presentan ante un juzgado. Y el tema de agresión que sufren las mujeres en grandes proporciones, no quiere decir que no existan mujeres histriónicas que son capaces de mentir al extremo para hacer daño a su ex pareja varón, que es quien realmente ha sido agredido.

 

Uno de los casos es el ocurrido a inicios de esta semana en el asentamiento humano Múnich, distrito de Iquitos, donde una mujer intentó agredir a su ex pareja con objetos contundentes, de la cual está separada hace mucho tiempo y ya cuenta con otro compromiso; pero al no lograrlo toda su ira lo volcó contra un motocarro que terminó semi destruido.

 

Esto es solo una muestra de intento de agresión física, porque conocemos de varios casos de agresiones psicológicas y otros que valiéndose de mentiras ante el juzgado acusan a sus ex parejas, al punto que un juez o jueza determinan sentencias, incluso extremas, para variar. Pensamos que nuestras autoridades judiciales tienen que considerar que también la agresión viene de parte de ciertas mujeres. Según las estadísticas registran un 5% de mujeres denunciadas por sus esposos, convivientes o parejas (actuales o ex). Es decir es un porcentaje solo de los casos denunciados.

 

Si bien existe todo un movimiento para frenar a los hombres agresores y combatir los casos de feminicidios, y en ello creemos que todos estamos de acuerdo, siendo que el porcentaje de agresión hacia las mujeres es altísimo; se tiene que tener en cuenta también situaciones donde el hombre es la víctima y visibilizarlo, porque de otra forma estaremos generando que muchas veces la ley no se aplique con la debida equidad.

 

Otro caso reciente da cuenta de una mujer que al verse descubierta de infidelidad, toma la delantera y denuncia que sufre de violencia psicológica y física, cuando el esposo ni siquiera por haber descubierto su inconducta como pareja, tuvo una reacción agresiva, como es casi común, más bien la instó a definirse y que lo mejor era la separación y posterior divorcio. Así de pacífico. No es común, pero existe.

En este tipo de casos, vale respaldarlo porque el esposo recibió una sentencia desproporcionada de una jueza local, contando solo con la versión de la todavía esposa, sin contar con algún examen médico legista de haber sufrido agresiones, mas sí con una evaluación psicológica de la mujer que la revelan como histriónica. La apelación está en marcha. Y lo que se espera es que la igualdad entre varones y mujeres no incline la balanza hacia ningún lado, si no, que prime la probidad en la administración de justicia.