-A propósito del potencial amazónico para el desarrollo de econegocios

Por John Soregui (*)

Allá por los años 80, cerca a los 90, cuando teníamos una pequeña casa en Anita Cabrera, mi madre, Carmina, me enseñó a sobrevivir. Conseguimos un terreno de 6 x 20 metros, a punta de corridas y lágrimas, recogíamos agua de una pileta ubicada a cuadra y media de nuestra casa, la misma que estaba disponible desde las 4 hasta las 6 de la mañana y cuando no había teníamos que caminar hasta 5 cuadras para traer el baldecito; sembramos ají dulce, caihua, un plátano enano y teníamos una gallinita “ponedora”. Yo iba todos los días bien comido hasta la escuela, en la bicicleta que me había regalado un año antes, cuando vivíamos por el centro. La oportunidad de mejorar nuestras vidas, que por cierto no andaba mal, hizo que Carmina decidiese volver al centro.

Así más o menos se mueve el mercado, hay alguien que oferta y otro que demanda, dependiendo del costo de oportunidad, decidimos siempre por la oferta que presenta menores riesgos y mayor rentabilidad, esa es la lógica, aunque en la práctica a veces no se aplique.

La Amazonía se presenta como un lugar lleno de oportunidades para lograr bienestar en forma sostenible, pero a qué costo y con cuánto de rentabilidad. Estas oportunidades se sustentan en general en la riqueza de su biodiversidad que en numerables oportunidades se ha visto amenazada por empresarios racionalmente irresponsables.

En algunas regiones europeas y países no comunitarios, existen incentivos basados en el mercado como estrategias de protección de la biodiversidad, en el que se incluyen esquemas de intercambio de cuotas pesqueras, esquemas agroambientales, eco-etiquetado, emisión de bonos verdes y aplicación de impuestos. Finlandia, por ejemplo, ha organizado subastas en las que los destinatarios presentan una oferta por las subvenciones mínimas que necesitan para implantar medidas que protejan su biodiversidad. Estados Unidos, por su parte, ha creado los denominados hábitats de reserva, que transforman las responsabilidades ambientales en activos negociables que modifican las estructuras de incentivos y los comportamientos mediante la asignación de derechos de propiedad y la creación de mercados.

Dentro de estas estrategias, los econegocios se presentan como emprendimientos económicos orientados a generar rentabilidad de manera ecoeficiente. Forman parte integrante de la actual tendencia mundial orientada a producciones limpias, con equidad social, viabilidad económica y sostenibilidad ambiental.

Esta tendencia mundial, centrada en la creciente preferencia por productos orgánicos y producción ecológicamente sostenible, tiene en el Perú a una de las principales fuentes de recursos biológicos que ofrecen una amplia gama de productos y servicios.

La alta diversidad biológica de la Amazonía peruana se presenta como un nicho de oportunidades para generar ingresos económicos de manera ecoeficiente, como es el caso del paiche (Arapaima gigas) que según el informe de la UNCTAD/BTFP (2005), este bien tiene un precio de introducción en el mercado europeo estimado entre los 10 a 17 US/ kg. de carne fresca; asimismo la cría del caracol churo (Pomacea spp.) cuya carne es apreciada tanto para el consumo fresco (ceviche y chupes) como en enlatados; no necesita de instalaciones sofisticadas ni de alimentos especiales, pues se trata de una especie herbívora; y tiene altas tasas de reproducción.

La flora amazónica también se presenta con gran potencial, el camu-camu (Myrciaria dubia), viene fortaleciéndose en el mercado mundial, sobre todo en los países asiáticos como Japón, esto debido al mejor material genético, disposición de tecnología regional adecuada y puede cultivarse en zonas de muy alta precipitación inclusive de manera asociada con cultivos temporales como la yuca, el caupi, la piña y otros.

En el sector forestal el 75% de la madera que se extraen de los bosques amazónicos se exporta sin valor agregado, en otros países se da valor agregado y se genera más empleos; las exportaciones de madera llegan a 300 MM/año. Si se le diera un valor agregado podría llegar a 1 000 MM/año y generar más y mejor empleo en la selva.

Por otro lado, los bosques húmedos amazónicos mantienen secuestradas, en promedio, 150 toneladas de carbono por hectárea. Los bosques, se siguen quemando a una escala de 250 000 ha/año, perdiéndose gran cantidad de carbono, el mismo que contribuye con el calentamiento global. Se puede calcular que con la superficie de bosques que quema el Perú anualmente en la Amazonía se emiten a la atmósfera 37,5 millones de toneladas de C02 (promedio 150 t/ha), pero el valor de una tonelada de carbono retenida esta por arriba de los 5 dólares (750 dólares por hectárea, en promedio). En consecuencia, el valor total del carbono secuestrado en los bosques amazónicos estaría en el orden de los 46 500 millones de dólares, lo que nos permite visualizar un excelente econegocio.

Maximizar el uso de estos potenciales es desarrollar no solo tecnología, sino es imprescindible desarrollar capital humano. La mayoría de las empresas que actualmente hacen uso de la biodiversidad en la Amazonía peruana, por desconocimiento e irresponsabilidad aún aplican prácticas productivas, sociales y comerciales, que demuestran una escasa conciencia ambiental y social en su gestión, generando por lo tanto una marcada tendencia al uso indiscriminado de los recursos y a la desigual distribución de los ingresos que se generan. Las comunidades y pobladores locales, debido a la concepción holística de su hábitat, son agentes de conservación de la biodiversidad y son portadores del conocimiento tradicional, pero tienen una incipiente y desventajosa vinculación con el mercado.

En razón a ello, la implementación de programas regionales y locales, articulados con el Programa de Biocomercio del Perú (PBP), debe responder a la urgente necesidad de poner en práctica una estrategia de desarrollo económico, social y ambientalmente sostenible, que garantice no sólo el manejo adecuado de los recursos y la justa distribución de los ingresos provenientes de su aprovechamiento, sino que permita, además, establecer los lineamientos para la inversión y comercio de los bienes y servicios provenientes del capital natural y cultural que posee nuestra Amazonía, a través del trabajo coordinado con instituciones públicas y privadas involucradas y aplicando instrumentos que faciliten a los agentes económicos aprovechar las oportunidades de mercado.

(*) Ing. Agrónomo. Gerente de Amazon Business & Consulting. Catedrático adscrito a FACIMAB – UCP. Director de Cooperación Técnica Internacional de la Municipalidad de San Juan Bautista.