Ebullición

Si quisiéramos resumir en una sola palabra lo que viene sucediendo en nuestro país con la política, diríamos: Ebullición. Los ciudadanos estamos en el medio entre el Congreso de la República y el Ejecutivo. Dos poderes del Estado que deberían articular en el marco de sus funciones específicas.
Así, tenemos un poder para dictar leyes y el otro poder para ejecutarlas, pero ambas se acusan. El primero acusa al Ejecutivo de actos irregulares y el segundo acusa al Legislativo de ejercer una fiscalización irracional, algo así como oponerse a todo, y de esa forma obstruir el trabajo.
Ya lo dijimos en una anterior oportunidad los legisladores están donde están para sacar leyes y también fiscalizar, y una prueba de que es efectivo el trabajo de los parlamentarios fue el caso de Chincheros, donde finalmente el gobierno aceptó que será el que realice la construcción del moderno aeropuerto cuzqueño.
Otras irregularidades también se descubrieron en algunos Ministerios. Todo bien. En el Congreso también se detectaron ciertas irregularidades en compras y esto fue hecho público. Entonces, para nosotros los ciudadanos la cosa está clara, nada es perfecto, y que irregularidades se detectarán en uno y otro lado.
Lo que no se puede aceptar, es esa tendencia a ponerle más trabas de lo normal al Ejecutivo en el cumplimiento de sus funciones, puesto que lo que busca el gobierno nacional es el bienestar de todos los peruanos. Eso lo entendemos así.
La percepción es que los intereses que se juegan no son los de la población peruana, sino intereses de grupos sean políticos partidarios o empresariales ajenos a los objetivos del Estado. Y la pregunta que nos hacemos es hasta cuándo aguantaremos estas posturas que solo hacen daño. Y ojo que nadie está diciendo que los legisladores solo son los malos de la película y que el Ejecutivo (Presidente y ministros incluidos) están libres de pecado.
El tema se podría decir que va por quién o qué sector le está causando más daño al país. Y el escenario nos muestra que es que el Congreso con su mayoría parlamentaria y sus socios tienen las punterías dirigidas no a detectar irregularidades y corregir, sino apuntan a matar, a truncar, a obstaculizar.

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