• A propósito del Día Mundial del Turismo.
  • Definir rutas turísticas en el marco de una gestión orientada al desarrollo de los pueblos amazónicos.
  • Pero es actuando proactivamente ante cualquier desdicha, que, sin duda, demuestra su vigencia, tal como describirían los chinos: problema que atender y oportunidad que aprovechar.

 

Con ello en mente, enfrenté en marzo de 2018 la tala de más de 40 hectáreas, con árboles en bosques de producción permanente, los cuales habrían sido cortados por ciertos comuneros de un caserío reconocido ilegalmente por la autoridad edil. Mi familia, oriunda de la Amazonía peruana, adquirió hace algunos años unas hectáreas con el propósito de conservar los pocos árboles de bosques primarios que aún quedan, salvados de la agricultura migratoria. El problema era eminentemente legal, dado el daño ecológico y la usurpación agravada que con suerte consiguió la atención de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, entidad líder en la Amazonía en la lucha contra la deforestación, la cual continúa la defensa, confiando no dure mucho, dado el débil poder judicial.
Mientras tanto, sin dejar de perder la vista a las acciones que se debían adoptar para evitar que continuara la tala y materialice la usurpación, intenté ver por lo menos una oportunidad, en el contexto de la tesis doctoral en Turismo que vengo desarrollando, cuyo objetivo es establecer lineamientos para definir rutas turísticas en el marco de una gestión orientada al desarrollo de los pueblos. Ello conllevó varios viajes a la zona afectada.
En uno de ellos, surcando el majestuoso río Amazonas, en un rápido que partió de Timicurillo con destino a Iquitos, me abordó Emilio Machahuay para pedirme ayuda, luego de escuchar mi cháchara con una pobladora de Mazán del asiento contiguo, a quien yo trataba de convencer para hacer un aprovechamiento de la alta biodiversidad en flora y fauna a través del turismo y no solo mediante la tala, la caza y la pesca, generalmente ilegal, con todo cual podrían generarse ingresos para educar a sus hijos y conservar los bosques.
Explicaba que hay turistas que disfrutarían de recoger aguajes y preparar aguajina, pescar acarahuazús y tomar chilcano, cosechar yuca y preparar masato, descubrir garzas, tucanes, loros o lagartos y abrazar pelejos o cargar mantonas, y tantas otras actividades que los miles de plantas y animales presentes en los bosques y comunidades de la Amazonía pueden inspirarnos a hacer.
Con la idea de una certificación de Geoparque por la Unesco, dado los récords mundiales en plantas y animales del río Napo, programé un viaje que recorrió dicha cuenca desde Mazán hasta Cabo Pantoja, comprobando la labor de sensibilización de la organización que lidera Emilio para conservar la alta biodiversidad en flora y fauna en aproximadamente un millón de hectáreas en los distritos del Napo y Torres Causana.
En la ruta me esperaron los representantes de las comunidades agrupados en Comités de Gestión de Bosques, a quienes expliqué las ventajas de seguir conservando si se lograba la certificación de la UNESCO, principalmente a través de la visibilización internacional mediante actividades como el geoturismo o turismo rural, en línea con lo expresado por el ex secretario general de la Organización Mundial de Turismo Taleb Rifai “si la cultura es historia, el turismo es el editor y distribuidor de esa historia”.
Siendo el 02 de julio de 2018 en Santa Clotilde, capital del distrito de Napo, se aprobó en asamblea efectuar el planteamiento ante la UNESCO a fin de gestionar el reconocimiento del río Napo como un Geoparque, solicitud actualmente en manos de INGEMET, ente competente para presentar el proyecto de reconocimiento.
Independientemente, la acción de los pueblos organizados hacia la conservación de los bosques debe merecer el reconocimiento de todos los peruanos, toda vez que nos ayudará a enfrentar los dramáticos cambios climáticos que ya amenazan al Perú, considerado el segundo más vulnerable del mundo.
Y así, el desastre ecológico cometido por una comunidad, hoy se presenta como una oportunidad para apoyar la preservación de un millón de hectáreas con participación de más de 50 comunidades, principalmente nativas, que ya se organizan alrededor de la ruta turística “Delfines rosados”, para atraer la mirada de los visitantes en la preservación de tan mítica especie, cuya presencia no solo augura buena pesca, sino también ríos libres de contaminación. (Manguaré/Diana López M.)