Desprotección total

Una ciudad paraíso que alguna vez fue considerada la ciudad de Iquitos, cada día que pasa se está convirtiendo en una urbe casi totalmente insegura. Es que hace unos años se podía identificar las llamadas “zonas rojas” de la Iquitos, en la actualidad en todas partes puede ocurrir un asalto a mano armada, un robo agravado y una muerte por sicarios.
Lo que antes sólo lo veíamos en las películas llamadas de “acción”, resulta que ya somos protagonistas en el día a día de esas acciones ocasionadas por bandas criminales de diferentes “rubros” del ampa que están invadiendo nuestra ciudad y dominando las capacidades de la policía.
Hace unos días ocurrió la muerte de un asaltante que con arma en mano se dispuso a robar una moto, pero fue capturado y los vecinos le dieron una paliza llena de ira, frustración, nervios e impotencia frente a los diarios ataques mortales a indefensos ciudadanos, golpes que ocasionaron la muerte del asaltante.
Mientras que el joven que pudo frenar en un principio al asaltante para luego intervenir con los vecinos, se debate entre la vida y la muerte, porque el asaltante le alcanzó con un disparo en el pecho que afectó sus pulmones. Pero, lo grave es que ahí no queda el tema, los vecinos han sido amenazados y que por la muerte del asaltante correría sangre en el barrio.
Es que parece que vivimos una pesadilla. Cuántas tensiones y muertes tendrán que ocurrir para lograr una policía eficaz que a través de su servicio de inteligencia pueda desarticular bandas criminales no solo de nacionales, sino de extranjeros, donde figuran más los colombianos que siendo ilegales han montado un sistema de préstamos ilegales, como si no tuviéramos una norma de la Superintendencia de Banca y Seguros que norma y sanciona estos actos.
La delincuencia ha llegado a contaminar el seno de la policía, aunque se han dado pequeñas muestras de accionar frente a los delitos de los propios uniformados, pero todos sabemos porque de alguna forma lo hemos vivido que serían muchos los involucrados de planas mayores y menores.
Esto nos hace sentir desprotección, en un sistema de gobierno donde no sólo es la policía, también está migraciones que no expulsa del país a los ilegales. Así como unas normas penales que necesitan actualizarse frente al contexto social, para las sanciones a la delincuencia común y criminal, para que no estén sueltos los reincidentes, sino produciendo sus propios alimentos dentro de las cárceles y dejar de estar ocasionando al país gastos inútiles y graves tensiones en la sociedad.