Dar la vida por Cristo

Por: Padre Agustín Raygada

El Vicariato de Iquitos se encuentra una vez más de luto. No hace más de tres meses que despedíamos a Mons. Miguel Olaortúa y ahora nos toca despedir a una joven misionera que nos adelantó a la casa del Padre el domingo pasado. La misionera Herm. María Verónica nos dejaba repentinamente a causa del dengue, una enfermedad que hoy en nuestra región y en otras de la selva está causando mucho dolor. Una joven misionera venida desde México, llena de deseos de trabajar por el bien de sus hermanos, sin importarle nada más que ser fiel a su esposo Cristo.
Un mártir se define como aquel que da testimonio hasta las últimas consecuencias. Dentro de la Iglesia católica, los mártires son los cristianos que han dado su vida por Cristo, prefiriendo la muerte antes que negar a su Señor. Es cierto, en nuestra realidad no sufrimos persecución por nuestra fe ni mucho menos nos llevan a los circos o nos crucifican por ser cristianos. Hoy ser mártires es morir de a poquitos por Cristo, dar la vida día a día por él, pero con rostros concretos. Así lo entendió la Herm. María Verónica, quien supo responder enteramente al testimonio cristiano que se le pidió, para ella Cristo fueron todos los niños que atendió en catequesis por las zonas más pobres de la parroquia Ntra. Sra. De la Salud, fueron las muchas personas que sirvió siempre con amabilidad en el comedor Santa Mónica, las familias que visitaba en su trabajo pastoral, los hermanos que acudían al centro de retiro Kanatary, para ella dar la vida por Cristo significó dar la vida por ellos y, así lo hizo. De pie y participando en la Asamblea Vicarial quiso permanecer junto a los demás asistentes aún a pesar de su indisposición. Por eso sorprendió tanto saber que nuestra hermana, a quien apenas un día antes veíamos trabajar a lado nuestro con total disposición y alegría nos dejaba para su encuentro final con el Padre.
Es noticia cuando hombres y mujeres que deberían ser ejemplo de caridad terminan siendo un antitestimonio de la vida cristiana, sacerdotes acusados de pederastia, religiosos y religiosas involucrados en actos delictivos, pero no es noticia los cientos de misioneros que dejan padre, madre, hermanos y amigos para partir a tierras lejanas que nunca imaginaron conocer, no es noticia por ejemplo que así como la hermana María Verónica, otras muchas personas sirven al Pueblo de Dios con su trabajo y, no es que queramos que se nos reconozca porque la recompensa nos viene de nuestro Señor Jesucristo, son pocos los que saben los peligros a los que se exponen los animadores zonales del río, las veces que visitan los pueblos en misión y todo eso sin esperar remuneración alguna. Pero hoy quisiera, querido lector, que sepas que hay personas que siguen dando su vida por Cristo en los barrios más periféricos de nuestra ciudad, en los pueblos más alejados. Son hombres y mujeres que son capaces de transformar lo ordinario de una vida según se esperase y según lo determina la sociedad, en algo extraordinario según el llamado a una vida de misionero.
Querida hermana María Verónica, nos duele tu partida por lo pronto que es, nos duele por el vacío que dejas en la vida de aquellos niños que desfilaron ante tu féretro llorando porque ya no volverían a cantar contigo en la tierra, por las madres de familia que se acercaron a darte el último adiós sin saber qué pasó y por tus hermanas de comunidad que compartieron contigo tu vida, pero nos duele más porque lastimosamente no serás la última muerte por una enfermedad que en pleno siglo XXI solo condena a aquellos que la sociedad quiere ignorar.

Querida hermana, amiga, descansa en paz.

Comments are closed.