¿Cuánto cuesta una vida?

Por: P. Agustín Raygada

Cuando redactaba mi tesina para obtener el grado de Licenciatura en Teología habían frases en los libros de consulta que calaban en mí, me parecían expresiones llenas de profunda reflexión y sabiduría, pero una en especial se transformó en la línea vertebral no solo de mi tesina, sino del itinerario pastoral que tenía en mente: ¿Cómo hablar del dios de la vida en medio de la muerte temprana de los pobres? Era la frase que el teólogo peruano G. Gutiérrez siempre repetía en sus libros y otras publicaciones.
En la ciudad de Nauta se ha reportado el fallecimiento de una menor por posible negligencia médica, era una niña que terminaba el nivel primario y a la que apadriné en el colegio del que soy promotor acá, muchas veces me topé con ella en el recreo viéndola jugar junto a sus compañeros, otras veces cuando estaba en clases cuando iba de visita al nivel primario de Nstra. Sra. De Loreto de Nauta. Quién iba a pensar que la última vez que la vería sería para rezar por su eterno descanso junto a sus padres que, desconsolados, intentaban entender que su hija ya no estaría con ellos. La noticia de su muerte causó indignación en los habitantes de Nauta, quisieron tomar el hospital, hasta protestaron con el féretro de la menor frente a la entrada de emergencia del puesto de salud de Nauta. Sin querer me tocó estar por un momento en medio de ellos intentando una vez más entender la situación y calmar los ánimos, escuchar la justa exigencia de sus derechos, exigir mejor atención médica, profesionales competentes que no solo sean practicantes, como si los enfermos que recibe ese centro de Salud solo padecieran “enfermedades de práctica” o peor aún, como si ellos fueran para práctica. He visto el dolor de muchas otras personas que vieron en la muerte de la niña la misma posibilidad para sus seres queridos las veces que van a atenderse a un lugar donde los pocos que atienden no se abastecen para todos, donde las medicinas no alcanzan o son muy caras y en donde solo toca esperar que el médico de turno los vea pronto y, si hay suerte, la receta no sea tan larga y existan las medicinas en la farmacia del SIS.
Hoy también me tocó ir a rezar por el eterno descanso de otro angelito que partió a la casa de nuestro Padre con apenas 3 días de nacido. Este caso no fue tan conocido. De hecho, rezamos entre los jóvenes padres, que tal vez no pasaban de los 18 años de edad cuando mucho, y sus dos abuelos. Volví a ver el rostro del dolor, pero sobre todo volví a ver un rostro que me heló el corazón y que es peor aún que el dolor, el rostro de la resignación a tener que enterrar a sus seres queridos en el inicio de sus vidas, debido a la falta de recursos económicos.
Ambos casos tenían algo en común, las muertes se pudieron evitar. En ambos casos solo basta tener dinero suficiente para costearse una buena atención, pues en un mundo donde se arrojan al mar miles de millones de kilos de alimento, morir por desnutrición es un pecado tremendo de injusticia, o donde se deba aceptar la muerte de un recién nacido porque no tenían 300 soles para una medicina que hubiera fortalecido su sistema respiratorio, resulta ser un grito desesperado a Dios… ¡300 soles! ¡Mientras existen autoridades que con esa cantidad no les alcanza ni para el almuerzo de un día!
¿Cuánto cuesta la vida? De una niña costó el pecio del traslado en ambulancia a Iquitos cuando aún se podía hacer algo, de un neonato solo costó 300 soles.
Soy joven, y como dijo uno por acá, me falta aprender más. Estoy dispuesto a callar cuando el que habla lo hace para enseñar y no para gritar, cuando al igual que este pueblo nautino levanta su voz para exigir que sean tratados como personas; en esos casos el que escucha aprende. Pero estoy dispuesto también a unir mi voz al clamor que pide justicia cuando lo que toca al pueblo de Dios es la suerte mísera del egoísmo de los que, en teoría, tendrían que cuidar de él.
Por ello, después de esto, vuelvo a pensar en la frase de Gustavo Gutiérrez y se me antoja quitar los signos de interrogación y poner muchos signos de exclamación… ¡¡¡¡¡¡Cómo hablar de un dios de la vida en medio de la muerte temprana de los pobres!!!!!

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