Es imposible que podamos literalmente  retroceder en el tiempo. Todos los países del mundo se encuentran abocados a generar riquezas en diferentes actividades. Algunos explotando y comercializando sus recursos naturales y otros generando paquetes tecnológicos y productos para venderlos a los mercados regionales e internacionales.
La mayor parte de los llamados países desarrollados buscan elevar su producto bruto interno (PBI) con la finalidad de mejorar la calidad de vida de sus pobladores, con el objeto de tener sistemas que les permitan tener un rol protagónico mediante su economía en las decisiones mundiales. Los países pobres solo  tienen  un papel decorativo o retórico en las grandes decisiones del orbe.
La  Amazonía peruana con la gran riqueza natural renovable y no renovable, en la actualidad, tiene que ser el eje fundamental de nuestro crecimiento armónico,  principalmente los que pertenecen a los rubros del petróleo y de la minería.
La eterna discusión  entre los ambientalistas y los constructores del desarrollo social y económico, ha sido el de cómo explotar la biodiversidad amazónica para mejorar la calidad de vida del poblador sin depredar ni contaminar. Poco a poco, lentamente, los dos grupos, salvo aquellos fanáticos de no tocar nada, han ido conciliando puntos de vista para hacer una sinergia entre las actividades de explotación y comercialización y la conservación ambiental. Y esto es positivo, porque con los avances de la ciencia y la tecnología, creemos que sí se puede..
¿Cómo solucionar el problema de ahora y lo que se viene? Una de las pocas formas va a ser invertir en proyectos de explotación petrolera, maderera y minera de manera ordenada y utilizando la biotecnología para prevenir y restaurar, generando trabajo directo e indirecto, avanzando en otros aspectos de largo plazo como son los proyectos de zoocriaderos, de manejo de bosques que necesitan una mayor cantidad de dinero que hasta ahora no dan en forma justa los países desarrollados y que también necesitan infraestructura para procesar sus carnes, y por lo tanto energía para mover sus fábricas, etc.
No podemos dejar de explotar nuestros recursos naturales, pero, tenemos que hacerlo de una manera global, considerando el respeto al ambiente, a la capacitación de los habitantes del entorno, a creación de actividades para seguridad alimentaria y para proporcionar riqueza a los directos afectados. La Amazonía peruana necesita una infraestructura adecuada para la transformación de sus productos para competir con empresas mundiales, como lo tiene Brasil, Chile, etc. No reconocer esto sería aislarse del mundo y vivir siempre marginado aunque nos inviten  por cuestiones decorativas a reuniones de carácter mundial.