Que la corrupción está en todas partes es innegable. Hasta en las instancias  que deberían ser santuarios de honestidad, honor y decencia se dan los más bajos, sucios y asquerosos actos, que por haber sido cometidos por personas que representan la ley, deberían tener una doble pena.

Lo ocurrido en el Ministerio Público, por obra y gracia de un fiscal anticorrupción, ahora ex, al haber pretendido sobornar con una cantidad de dinero al Juez de la Provincia de Loreto, Ricardo More, no debe quedar en tan solo en dar por concluido el nombramiento de este sujeto que tenía a su cargo la Fiscalía Provincial Provisional Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios de Loreto – Nauta, sino, proseguir con las investigaciones  a fin de conocer si este actuó por cuenta propia o a lo mejor es parte de una red de corruptos que estarían operando dentro del Ministerio Público aprovechándose de sus cargos y posiciones.

Si hay un culpable hay que hacerle declarar si tras él hay o no más gente dedicada a negociar con la justicia a fin de ponerlos tras las rejas.

Es preocupante para la prensa que el Fiscal Decano se haya escondido tras la oficina de imagen para no salir a declarar sobre este asunto que parece trae mucha cola.

No nos explicamos cómo el abogado Mario Alberto Gallo Zamudio, Fiscal Decano, tan solícito con la prensa  en otros casos, esta vez no quiera dar la cara para saber su posición de acuerdo con el cargo que ostenta. Una cosa es la vergüenza que debe sentir y otra que la población conozca la palabra de su Fiscal Decano condenando estos hechos que sinceramente traen por los suelos la imagen del Ministerio Público.