Por: Luís Roldán Ríos Córdova rioscordova2010@hotmail.com

“CROMWELL. EL HOMBRE DE HIERRO” era el nombre de una película que la vi tres veces en el antiguo cine “Iquitos” siendo niño aún, no la vi más veces porque dejaron de exhibirla. Fue mucho antes de ser un silencioso seguidor de don Antonio D´onadío a quien recién conocí en su faceta de líder conductor de masas en pos de un canon, de ese canon del que ahora todos vivimos. Don Antonio D’onadío significaba para mí el recuerdo absoluto del personaje de la mencionada película, de Cromwell (un hombre absolutamente duro y justo) al ver la fe, la fuerza, el coraje y sudor  que le ponía a sus convicciones en busca de justicia para el pueblo de Loreto, que los peruanos terminaron por respetar.

Como los bárbaros que no se dejaron conquistar por el imperio romano, como aquel Espartaco que sabía renegar de su condición de esclavo, para mí, ese era don Antonio aquel hijo putativo de Loreto que los loretanos nos hemos dado el lujo de matar antes de que él muriera.

No he conocido a don Antonio como  ciudadano común y corriente, lo que quiero decir es que no lo conocí como humano, no se qué pecados habría cometido como tal, por ahí no me interesa juzgarlo por que no soy quien ha de tirar la primera piedra. Quiero a nombre de todos los loretanos que coincidan conmigo darle mi gratitud y reverencia por las grandes jornadas de lucha, preocupaciones y desvelos  que tuvo que haber enfrentado al lado de una masa loretana que él supo conducir limpiamente. Es así como yo lo recordaré y es así como creo que un pueblo agradecido debe recordarle a ese hombre que ha sabido  luchar por una causa justa junto a este pueblo permanentemente escamoteado por el imperialismo limeño. Nada de eso he visto. ¡Qué pena!  Pena por que don Antonio es parte de la historia de Loreto ¿No pues: “Pueblo que no conoce su historia es un pueblo muerto”? ¿Alguna calle, plaza o asentamiento humano lleva ya su nombre? No. Preferimos llamarnos Juan Carlos Del Águila, Keiko Sofía, Eliam Karp, Pilar Nores.  Increíble ingratitud que linda en la vergüenza.

¿Las autoridades que están trabajando con el canon petrolero conseguido por el pueblo bajo el sacrificado liderazgo de don Antonio, estarán planeando rendirle homenaje a través de usar su nombre en algún colegio, hospital existente u obra trascendente por inaugurar?  Espero que si.

Sugiero, por ejemplo, cambiar el nombre a la Avenida Del Ejército (No se porqué esa avenida tiene que ser del ejército) al margen del respeto que pueda merecer la milicia, el nombre de Av. Del Ejército no implica homenaje, me parece que ese nombre está por dos motivos: Uno por que en esa vía están ubicadas las viviendas de algunos jefes militares y dos, por que simplemente copiamos lo de Lima. “Av. Del Ejército”…”Av. De la Marina”…Av. Colonial….

Seamos bárbaro o Espartaco, empecemos  valientemente a ser autónomos con algo.

Cambiemos Av. Del Ejército por Avenida Antonio D’onadío Lagrotte, incluido el colegio Centro Base “Mariscal Oscar R. Benavides”.

Que yo sepa, don Antonio no contrajo nupcias con el APRA, ni con AP, tampoco con el PPC, con nadie, mientras era el presidente del Frente de Defensa, pero terminó haciendo servinacuy con la Izquierda  Unida. ¿Habrá sido ese su gran pecado?

Tal vez don Antonio- como dicen que el amor nos hace ingenuos- pensó que desde el Parlamento podía defendernos mejor que desde acá y fue ingenuo al no percatarse de que el sonoro puñetazo que estrellaba contra la mesa incluida su potente voz de mando para poner orden dentro del Frente de Defensa, en el Congreso no significaría nada, pues se perdería ante el estruendoso ruido vuvuzeleano de las corrupciones y de los intereses  costeños  y  limeños que impide escuchar el solitario ruido de los intereses de Loreto.

¿Vale más ese error que todo lo bueno que pudo haber hecho para conseguir el canon petrolero que ahora nos sirve de propina aunque sea como huihuacho del Perú?

Francamente al conocer su deceso tuvimos una indiferencia total compartida con las autoridades, el periodismo y la población en general (donde me incluyo) quienes ahora sobrevivimos de ese canon conseguido con el desvelo de aquel líder a quien seguramente le costó muchas amarguras la prepotencia, la arrogancia, el menosprecio y la indiferencia con el que tantas veces nos trata el imperialismo limeño que el loretano ciego confunde con centralismo y pelea con el viento. No se ha visto un acto público de reconocimiento en homenaje a don Antonio luego de conocer su defunción. Ni siquiera hubo una bandera a media asta por lo menos para que nuestros niños y jóvenes pregunten qué pasó. Es decir, da pena decirlo, la gratitud del pueblo de Loreto a la persona de don Antonio no se ha manifestado en ninguna de sus formas, prefiere celebrar una independencia que no le corresponde.

Todos los loretanos sabemos que sacarle algo al Perú (nuestro amo) nos cuesta sangre sudor y lágrimas, no creo que  la dirigencia con Antonio a la cabeza hayan conseguido el canon desde una deliciosa hamaca.

La fuerza de Cromwell y el valor espartano que puso don Antonio D’onadío junto a los otros dirigentes de ese entonces  para conseguir el Canon Petrolero  ¿no significan nada?… Estamos en falta.

Esto me recuerda aquel epitafio que dice: No estoy muerto. Sólo estoy dormido. Moriré el día que ustedes me olviden”

Nosotros hemos olvidado a don Antonio. Nosotros hicimos que él muera antes de morir.

¿Qué podemos hacer para remediarlo?…Dejo la pregunta en tu corazón amigo loretano.