Este fin de semana la intensa lluvia de madrugada con vientos fuertes hizo que una vez más miles de iquiteños no puedan dormir y amanezcan desaguando sus viviendas porque el agua a muchos les llegó hasta las caderas. Mojó todo dentro de la casa y varios equipos eléctricos averiados. Hay quienes han tenido a modo de prevención que colocar sus artefactos sobre mesas, ya de forma permanente.
Mientras con ganas de llorar y a la vez gritar de la impotencia veíamos a, una ama de casa junto a su esposo e hijas sacar el agua hacia la calle, cansados, desvelados, furiosos y en sí muy estresados, solo atinaban a pedir una pronta solución a esta tortura. De pensar que la lluvia es una bendición, pero lamentablemente para estas familias se ha convertido en una pesadilla por las consecuencias que acarrea. Se está generando una especie de «fobia a la lluvia» que no tiene la culpa de nada.
Quiénes son los verdaderos culpables. En realidad nosotros tampoco nos escapamos, como ciudadanos y ciudadanas tenemos un grado de responsabilidad. Hagamos un poquito de memoria y recordemos que hace un poco más de 20 años se empezó a escuchar de los «entubados» para las nuevas obras de desagüe en nuestra ciudad. Ya los proyectos dejaron de hablar de alcantarillas (de concreto armado), se entraba a la era del entubado mal aplicado.
Y por qué decimos mal aplicados sin temor a equivocarnos. Es que ya en ese entonces algunos profesionales de la construcción opinaban que esos tubos que colocaban eran muy pequeños teniendo en cuenta las precipitaciones pluviales que tenemos. O sea no compatible para nuestra realidad climatológica. «Terminarán por rebalsar el agua del desagüe y de la lluvia, juntas». Entonces recomendaban tubos más gruesos.  Las autoridades de turno subestimaron esas observaciones. El resultado fue las primeras obstrucciones, pero, muy pocos y pasaban desapercibidos. Pero, con la mega obra del alcantarillado esto es imposible que no se note.
Pero, de que «alcantarillado» hablamos, no existe, es «entubado». Ojalá pudiera regresar el tiempo que se hacía los desagües de concreto armado y de tal tamaño que podría caber una persona. Recordemos que en las alcantarillas antiguas de Iquitos cuando una pelota caída se podía entrar para sacarlo, un poco a las justas, pero se cabía. Ni qué decir si recordamos la novela francesa «Los Miserables» llevada a la televisión cuando el protagonista usaba para escapar el desagüe de París por donde podía caminar sin agacharse, qué bien, era un alcantarillado clásico, que para tranquilidad de sus habitantes piso arriba era imposible un rebalsamiento de las aguas.
Y despertando en Iquitos, nos sumamos a la exigencia de que el problema de la inundación cada vez que llueve fuerte, tiene que encontrar una solución al margen del proceso judicial que se sigue para hallar a los responsables.