editorialSe viene desarrollando desde hace más de 4 décadas. Nos referimos al campeonato infantil de “Pelota de Trapo”, aquel torneo deportivo que mueve a toda la familia partiendo del noble propósito de hacer deporte, pero que lamentablemente en vez de dar lugar a lo recreativo, cada vez un buen número de padres y madres de familia lo entorpecen con la fuerte presión a sus hijos, para sobresalir o meter goles.

Es patético verlos gritando desde las tribunas para exigir el rendimiento mayor de sus hijos, y no faltan las palabras soeces que más que motivar a los chicos hacia objetivos de “vida sana, en cuerpo sano”, los induce a buscar el mayor rendimiento físico y táctico con fines de conseguir dividendos económicos.

El hecho de aspirar a ser un profesional en el balompié es legítimo; sin embargo, no es el objetivo inicial del campeonato de Pelota de Trapo, ni tampoco actualmente. Por lo que pensamos que los organizadores de este gran evento deportivo infantil deben reunirse con los progenitores para instarles a respetar el reglamento, a ser disciplinados, a inculcar en sus hijos el aceptar perder cuando el rival es superior y seguir perseverando en juego limpio para ganar.

Es de parte de los adultos que se deben poner las reglas en su lugar, así como que los organizadores también deben reglamentar el comportamiento extra cancha, en el lugar de los suplentes como en las graderías del escenario deportivo futbolístico. Quien o quienes caigan en falta deben ser retirados del lugar.

Basta ya de estar escuchando insultos, palabrotas, actos violentos que solo hacen que estemos formando a futuros ciudadanos con similares características. Qué sentido tiene entonces impartir los valores deportivos cuando en un notorio porcentaje los adultos lo estamos echando al suelo con una conducta inapropiada que no se debe tolerar.

Disciplina tanto en la cancha como en las tribunas, así como en las mesas técnicas. Y terminamos esta reflexión con decir a los organizadores que han sido capaces de mantener la expectativa y el entusiasmo en los participantes año tras año, desde inicios de la década del 70. Con altas y bajas han sabido llegar hasta hoy. Eso es digno de reconocer y felicitar el gran esfuerzo desplegado. Los ajustes son importantes porque nada en esta vida es perfecto.