En la actualidad son muchos más los jóvenes hombres y mujeres, de la ciudad o de la zona rural que se esfuerzan por hacerse de una carrerea sea técnica o profesional. En este grupo está incluida también la juventud indígena. Cuánta pena sentíamos en nuestros viajes por la ribera, hablar con una muchachada entusiasta, soñadora, con los brillos en los ojos por un futuro mejor en lo académico.

Y decimos penas porque sabíamos que esas ilusiones, eran solo eso, ilusiones. Tal como estaba en aquellas épocas, peor que ahora, el orden de cosas, era impensable que pudieran salir de sus comunidades rurales para aspirar a convertirse en profesionales, “ser algo más en la vida” como repetían sus padres y madres casi suplicantes mirándonos a los ojos. Qué dolor decirles que eso no es fácil, pero, tampoco imposible. No perdamos la esperanza.

Es por ello, que en plena campaña electoral rumbo al gobierno regional de Loreto, en una de nuestras tertulias con algunos de los candidatos, no reparamos en contar estas vivencias, que de por sí es de suponerse. Pero, era por una fuente directa transmitir el sentimiento de jóvenes que representan a miles. Y les dijimos que más triste resultaba escuchar que vendrían a la ciudad como sea y pensábamos, para qué? Tal vez, para que por situaciones críticas de la ciudad pasar a formar parte de los registros delictivos. Y ahí están los informes policiales, jóvenes procedentes de pueblos incursionando en delitos callejeros.

La educación como sabemos es una de las menos favorecida en los presupuestos públicos, y que ciertas ideas también se dejan pasar y no se ejecutan. Y en esa línea recordamos cómo un proyecto interesante se perdió no sabemos por responsabilidad de quién. Lo cierto es que en una oportunidad una empresa petrolera ofreció sus instalaciones en la zona rural para que funcione allí algún tecnológico, pero luego se supo que en el Ministerio de Educación no había interés en aprobarlo.

Era la oportunidad para que muchos jóvenes indígenas que no pasaban de obreros en las petroleras pudieran haber estudiado una carrera técnica requerida por las empresas, pero, no, se habría bloqueado. Razones se desconocen. Lo que sí generó suspicacia es por qué los tecnológicos en Iquitos no tenían carreras que requieren las empresas. Esto lo puso en evidencia el ex consejero regional Héctor Minguillo Chanamé.

Parece que esta “falta de visión” del pasado estaría por reivindicarse en la actualidad cuando el gobernador regional de Loreto avanza con firmas de  convenios, esta vez con la federación indígena de los Achuar y Urarinas, del río Corrientes, para fomentar la educación de jóvenes de estas comunidades, en diferentes carreras técnicas y profesionales. El Gorel lo financiará. Todo bien. Aunque los jóvenes futuros profesionales tienen que ser recíprocos para cuando terminen sus estudios, servir en sus pueblos.