Venimos observando un interesante y humano cambio de actitud en el vecindario. La población como que está despertando aún más para aplicar lo que podríamos llamar: Protección vecinal. Ya hay varias experiencias que nos dan esperanza en el sentido que nuestros menores de edad podrán estar más seguros.
El tema es que tenemos que estar alertas y desconfiar. Sí, desconfiar. Tampoco se trata de que entremos a un estado paranoico, no, el tema es estar atentos a señales que nos puedan decir que algo extraño está sucediendo, lo que puede ser el preámbulo a un abuso de cualquier índole.
Un caso concreto ha sucedido en el sector de Santa Rosa II Zona, en el distrito de Punchana. Los vecinos Fernando y María, pareja de esposos, se percataron que un sujeto llevaba a jalones a una niña (07 años). La pequeña iba llorando, esto llamó más la atención.
Claro, se podría pensar que se trataba de un papá violento que llevaba a su hija, aun así, la escena era sospechosa y para salirse de dudas los vecinos lo abordaron y pudieron descubrir que no se trataba de ningún familiar de la menor, por lo que llamaron al serenazgo para que se esclarezca el hecho.
En efecto, se trataba de un potencial abusador, que como dijo la niña a la policía, le había ofrecido chicle y maíz. El tipo de nombre Patrick Luis Pérez Saavedra, de 23 años, la estaba llevando a la fuerza en dirección a un matorral, es por ello que la menor al presentir que estaba en peligro con el extraño empezaba a llorar intensamente.
Después llegó la madre y explicó que dejó a su niña en un lugar y que la pequeña, al parecer, le siguió cuando se dirigía al mercado, por lo que el sujeto la interceptó. La señora reconoció que también hubo un descuido de su parte y pidió que se vea la cara del sujeto y que las autoridades no lo dejen en libertad. “Mi niña casi cae en manos de este depravado, pero a cuántas niñas habrá hecho lo mismo”.
Así es, cuántas niñas estarán siendo víctimas de tipos como éste que deben estar encerrados para que no sigan afectando vidas, porque no solo es un desgarro físico, sino la secuela emocional, el trauma que genera haber estado en manos de un enfermo que sabe lo que hace, que conoce su peligrosidad, su instinto criminal, y no se ha sometido a un tratamiento. Una actitud delictiva que se debe castigar con todo el peso de la ley.
Entonces los vecinos tenemos que estar alertas para proteger a nuestra niñez de los peligros que existen en esta sociedad. Es que hay gente peligrosa que aparenta no serlo. Tenemos también que enseñar a nuestras hijas e hijos a identificar estos peligros y a saber pedir auxilio, a avisar, a tener confianza para avisar cuando alguien pretende chantajearlos. Los vecinos también somos una pieza clave para frenar el abuso.