Fernando Herman Moberg Tobies
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@FernandoMobergT

 

 

 

Mariana camina pensando en su pasado, recordando la ciudad en la que nació y luego la dejó alejarse, ahora en las calles de Dublín no sabe si las formas de las nubes o el ruido de las hojas fueron los que la llevaron a extrañar a Ayacucho, pasaron veinte años desde que las circunstancias la empujaron a salir de su país, teniendo la certeza que esa fue la mejor decisión, pero sólo hasta hace unos segundos.

Mira el cielo, se siente rara, creía que ya no tenía vacíos, que la decisión que emprendió años atrás le había llevado a la realización que toda persona anhela; pero, al parecer, sólo intentó olvidar, esconder las ideas que podrían aparecer a rasgar la tranquilidad que busca toda alma humana; aparece la nostalgia de sus sueños enterrados, se asombra de todo lo que ha conseguido, se ha convertido en una mujer tan diferente a los ideales que tenía en su juventud.

“¡No me importa si no entiendes lo que hago padre! ¡No tengo por qué esperar que comprendas, yo trabajo y estudio, yo respeto tus costumbres y deberías hacer lo mismo! ¡Yo siento que lo qué hago es correcto, seguiré con la protesta que estamos organizando, nosotros no somos delincuentes, somos jóvenes cansados de un sistema corrupto, cochino, injusto y marginador!”

“¡Pero hijita no puedes andar tras las autoridades sacando sus malos manejos, te van a matar, no vas a poder conseguir trabajo en ningún lugar, acá no hay oportunidades y quemarás las pocas que puedas conseguir cuando acabes la universidad, tendrás que irte del país!”

“¡Europa y Estados Unidos son manipuladores y saqueadores! ¡Ellos tienen la culpa de toda nuestra desgracia, demuestran bondad y elegancia cuando por lo bajo solo crean pobreza y cúpulas de poder con los que mantienen la desigualdad! ¡No padre! ¡No quiero trabajar en ningún otro lugar, lo haré acá, en mi ciudad! ¡Acá demostraré que se pueden hacer bien las cosas!”.

Se sorprende de una de las discusiones que tuvo con su padre por la lucha social que se había apoderado de sus convicciones en su juventud, no la llegaron a matar, pero si lo hicieron a quienes le dieron la vida. Aún sin poder reaccionar a la matanza que arrasó a su pueblo por supuestamente albergar a terroristas que inclusive ellos no los aceptaban, el sacerdote de la comunidad llevó a Mariana hacia Lima para luego buscarle asilo político en Irlanda.

“¡Oye Ocaña estamos fregados, ahora todo cuesta, tenemos que pagar por nuestra salud, tener monedas para la leche, el pan y trabajar para cubrir gastos! ¡Los que vinieron con plata solo nos han metido a un sistema que no es para compartir! ¡Antes todo lo que comíamos lo sembraban nuestros padres y las cosechas se repartían entre todos los miembros de la comunidad! ¡La educación no dependía de comprar cosas, no necesitabas pagar luz ni trabajar como esclavos para hacer ricos a otros, podíamos pasar tiempo con la familia, con la naturaleza de donde venimos, no tiene lógica volvernos tan artificiales cuando venimos calatos y nos vamos sin nada!”.

Mariana se detiene, se sienta en el borde de la calle desierta, esta impactada, su pasado le parecía lejano, pero ahora lo siente en la piel, saca el carnet de la ONU donde trabaja como asesora del secretario general y llora. Desde que llegó a Europa, el acuerdo que firmó involucraba cortar todo vínculo con su país, ingresó a un programa donde volvió a estudiar la universidad y recibió acompañamiento psicológico, superó los traumas de la violencia que observó y logró fortalecer sus nuevos autoconceptos en generar el bien de una forma que antes ella criticaba.

“¡Da cólera como se pintan de buenitos los gringos! ¡Eso de la UNICEF, OEA, UNESCO, ONU y algunas ONGS ambientalistas, vienen a querer educarnos como les da la gana, a como ellos consideran que debe ser, a querer proteger patrimonios y espacios naturales que sus financistas ya no tienen porque lo devoraron industrialmente! ¡Vienen a querer direccionar nuestro desarrollo e imponer sus estilos de vida, cuando a nosotros nos faltan varios procesos como sociedad! ¡Que cólera! ¡Desde la conquista de nuestra cultura nos han impuesto todo lo que debemos seguir de afuera, pisando nuestras raíces, creencias y autonomía!”.

Está consternada, sus lágrimas se deslizan sobre sus mejillas llegando hasta su fotografía del carnet de la organización desde la cual ella hoy en día intenta destinar proyectos para mejorar la pobreza de  ciertos países tercermundistas, olvidó que los que crearon esos espacios de representación internacional podrían tener intereses escondidos, tal cual como antes Mariana lo consideraba.

“¡Mira Justina tu más que nadie sabe cómo es la cosa, el ingeniero que te violó le dio dinero al juez, a la policía y al alcalde del pueblo! ¡Cuando le hemos enfrentado al animal ese y le quitamos su celular, encontramos como negociaba para vender los terrenos junto al alcalde! ¡Él tenía su ONG y por ahí limpiaban el dinero de las obras que sobrevaloraban, a las finales terminó siendo congresista! ¡Por eso no podemos permitir que se burlen de nosotros, negocian con la vida de los pobladores como si fuéramos animales! ¡Debemos seguir! ¡No te sientas amenazada! ¡Eso es lo que quieren! ¡No bajaremos la cabeza así nos digan que somos terroristas! ¡Estamos protestando por las personas que así como a nosotras abusaron de nuestros derechos! ¡Sigamos! ¡Tenemos que armar esta nueva marcha o se llevarán nuestros sembríos!”.

Había bloqueado cada estímulo que la conectaba a su tierra, Mariana estudió becada en la Universidad de Oxford, se relacionó con las personas que estudiaba y se adaptó como todo ser humano sin mucha dificultad, dejando su acento, su rostro de penurias y las noches de pesadillas, era el precio que tenía que aceptar para dejar el sufrimiento de la culpa, tenía que dejar todos los rastros de su pasado inclusive su propia personalidad.

“¡Te voy a pedir por una sola vez con todo mi amor querida hija y necesito que me hagas caso! ¡He cavado un hueco debajo de la mesa de la cocina, está tapado con una estera! ¡Quiero que entres ahí y no salgas hasta que el padrecito de la iglesia venga a buscarte! ¡Marianita por favor no podría soportar ver que te maten, tú eres nuestro regalo más hermoso de la vida! ¡Métete ahí hija y por nada del mundo hagas ruido, el ejército enviado por el alcalde está llegando al pueblo! ¡Nos han pintado a todos de dar hospedaje a los terroristas que están contra el gobierno, nos matarán a todos sin excepción, ya lo hicieron en otros pueblos, estos miserables aprovechan para esconder sus corrupciones tildándonos de algo que no somos!”. Ingresaron siete uniformados de verde con una especie de media negra qué les cubría toda la cabeza, buscaron en los cuartos y al no encontrar a nadie más, dispararon contra los padres de Mariana; ella no podía moverse por la impresión de la frialdad sucedida, nadie preguntó cómo se llamaban, ni pidieron documentos, solo dispararon sin piedad.

Mariana no comprende cómo se pueden esconder ciertos pensamientos; terminó la universidad y su nuevo círculo social le abrió las puertas al sistema que sub dirige el mundo, en su primer trabajo le dieron como incentivo un Audi y pent-house por su esfuerzo y gestión, detalles que terminaron siendo parte de su vida; regresaba cada verano a Dublín, no tiene familia y el barrio donde estudió la preparación para su beca y siguió su terapia psicológica es el lugar que considera su hogar, o eso sentía.

“¡Qori hermano, compañero me tengo que ir, mis padres han sido asesinados por mi culpa! ¡Prometí que iría con el padrecito, si no me voy van a terminar buscándolos a todos ustedes! ¡Ya no podemos seguir luchando, hemos perdido Qori, no podemos ir contra el sistema! ¡Nos han derrotado! ¡Nos han vuelto a demostrar que el dinero, que el que tiene poder puede hacer lo que quiere y venderse de santo inclusive! ¡No tengo ganas de nada, si me quedo acá siento que me moriré de la pena! ¡No te olvides Qori que somos hermanos de nuestra tierra, algún día volveremos a unirnos para defender lo justo, lo real, lo natural, lo que somos! ¡Adiós querido Qori, no te voy a olvidar hermano!”.

Se levanta, entendió la señal, Mariana corre hacia la avenida principal mientras llama a su chofer, corre desesperada, el viento le ha enviado la señal que necesitaba, la naturaleza de la cual ella es parte, la ha vuelto a recordar quién es, corre sin dejar de llorar, el auto aparece, sube y pide que la lleven hacia el aeropuerto, por su cargo en la ONU sabe que puede conseguir un avión privado, tiene que llegar.

Aterriza en Ayacucho después de catorce horas de vuelo, su pueblo no ha cambiado mucho, la explotación ha aumentado, la pobreza se observa más, las personas ya no comparten, ya no hay comunidad, todo es negocio. Llega al hospital y pregunta por su amigo Qori, la informan que ingresó el día de ayer de emergencia y pedía que llamen a Mariana, que no quería morir sin despedirse de su gran hermana de la lucha social.

Mariana va deprisa hacia la habitación donde Qori está muriendo, le coge de la mano, está delirando pero él logra reconocerla, le da un beso en su rosto y éste le agradece que haya llegado, le pide que se acerque y le dice: “Marianita no olvides para qué esta destinado el ser humano querida hermana, nunca dejes de luchar”.