Fernando Herman Moberg Tobies
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@FernandoMobergT

 

 

Es imposible meternos a la cabeza de otra persona, por más que tratemos de atar todas sus ideas y lo que hace, es imposible generar conciencia en alguien que nunca la conoció.
Nos relacionamos con personas que terminan adornando o destruyendo nuestros días, nuestra libertad se vuelve condicionada, aunque nos creamos autosuficientes en algún momento vamos a depender de las respuestas de otros, y eso vuelve inestable a la vida, nos enferma silenciosamente.
Debilitamos nuestra fortaleza con cada decepción que no se puede controlar, alejamos los compromisos o metas por personas que se acaban yendo, dejando no solo el vacío de la soledad, sino de la autodecepción.
Nos esforzamos más de lo necesario por otros, damos tiempo, pensamientos, dedicación, y de pronto la desconsideración aparece, como un día gris en el cual nadie quiere levantarse de su cama, la energía disminuye, la motivación desaparece, hay una especie de lentitud mental que paraliza los movimientos, buscas la manera de que se vayan esos recuerdos que dan vueltas como un huracán, duermes, prendes la televisión, buscas alguna música, sientes las lágrimas de nuevo y vuelves a dormir.
Aceptar y reconocer el error es fácil, alejarte y soportar el vacío sin volver a lo que daña y llena equivocadamente es el reto, ahí está lo complicado. Nos envolvemos midiendo, abrimos de a poco las emociones, salen a flote las reacciones y nuestra esencia queda al descubierto, nos adaptamos, nos contagian ideas, desechamos caprichos, aprendemos a justificar, nos arrastramos sin entender lo que estamos haciendo, nos sentimos atados y desolados, continuamos desganados, amargados, con el sufrimiento en la garganta.
Damos rienda a las pasiones, nos confundimos al darnos cuenta que aparecen nuevas cosas en nuestra cabeza, vamos cambiando, nos vamos alejando de lo que creíamos, la frialdad se incrementa en las decisiones, hasta que en algún momento reaccionas asombrado de la persona en quien te estás convirtiendo.
Nos equivocamos por otros, perdemos oportunidades, nos estancamos, condenamos nuestra rutina a estar pendientes de la felicidad de quienes a veces ni se dan cuenta ni valoran los sacrificios, nos contentamos con palabras que en momentos ni encajan con lo que demuestran las acciones, pero no soltamos, nos aferramos equivocados a luchar por tratar de demostrar que podemos lograr generar consciencia, cuando tenemos que convencernos que los que crecen sin ella jamás la conocerán, y pensar así nos liberaría.
Los problemas duelen, intranquilizan, desesperan, pero son necesarios para poder darse cuenta que hay algo que no está funcionando de forma positiva y constructiva en la persona, se debe ver el panorama no solo desde lo que consideramos, sino cómo es en la realidad, sin excusar o maquillar a los demás por la esperanza del futuro. Si queremos pasar del sufrimiento a la renovación, a la superación, es indispensable no volver al pasado, ser firmes en lo pactado con uno mismo y perseverar como sea hasta que desaparezca lo que te hace sentir desdichado.
¡Qué difícil es la vida, con sus dilemas y aciertos! ¡Qué mágico son los momentos que terminan pronto! ¡Qué iluminados se sienten los días cuando se tiene el control, control que viene y se va, colorea y desaparece, endulza e intoxica! ¡Qué dramática es la vida, con sus locuras y lecciones inesperadas! ¡Qué es lo que une a las personas más allá del amor enfermizo que la misma sociedad genera! ¡Manipulación creada, poder escondido, salvajismo evidente!
No podemos estar solos, y a veces nos gusta estar sin nadie, bloqueamos nuestras emociones desesperados y nos abrimos descontrolados sin considerar las consecuencias, algunos pecan sabiendo lo que hacen mientras otros caen por inmadura inocencia.
El tiempo avanza y te juzga en tu cuerpo y alma, no puedes escapar de tus pensamientos aunque siempre trates de bloquearlos con algo, alargas y pierdes o avanzas y dejas. La contaminación emocional es tan destructiva en la persona que debido a los acontecimientos por los que va pasando, se va convirtiendo en una acumulación de frustración, que podría desencadenar en hechos que jamás uno por sus valores habría podido considerar como respuesta.
Buscamos consuelo y compañía como animalitos instintivos basados en la atracción sexual, no esperamos los procesos de conquista para tener una estabilidad más sólida y posicionamiento menos estresante, no planificamos nuestra vida, los eventos se dan y nos vamos acoplando a lo que se viene, no somos capaces de dirigirnos por pasos, como se da con nuestro cuerpo que tiene procesos y etapas, cuerpo natural que pertenece a la naturaleza de la cual provenimos, no nos fijamos en los detalles de lo que queremos y cómo seguir perseverantes para ser fieles a nuestras metas, no nos conectamos con la naturaleza que tiene interesantes respuestas.
Nos escondemos por temor, actuamos negándonos como si nos avergonzara nuestro proceso de aprendizaje, alejamos a personas que alegran nuestras vidas por miedo a los prejuicios, enterramos sentimientos drásticamente sin pensar en los demás y hasta lastimamos sin piedad como si el amor jamás hubiera existido.
Usamos las palabras para manipular y conseguir intenciones enmascaradas, prometemos sentimientos que los utilizamos para llenar nuestro ego y vanidades, coleccionamos relaciones sexuales como trofeos, juramos con descaro y esperamos sin paciencia.
Huimos cuando la situación nos expone, no somos capaces de imponer lo que nos satisface, no nos respetamos como deberíamos y a quienes nos aman incondicional, descartamos por episodios como plástico inservible a quienes nos acompañan y cuando hay necesidad o el vacío dilata insistiendo, regresamos con la cabeza agachada, hasta que llega la siguiente oportunidad.
¡Qué rara es la vida del humano! ¡Miserable siendo la más perfecta evolución! ¡Qué complicada le volvieron la vida al humano confundido y secuestrado de sus decisiones, arrancándolo de su hábitat natural para imponerle un sistema que lo viene extinguiendo de su esencia! ¡Qué se espera del ser humano que avanza sirviendo sin entender lo que le sucede, arrebatado de su hábitat natural para trabajar en sociedad, para el beneficio supremo de otros! ¡Qué rara es la vida sin libertad del humano ciego de su realidad e historia!
Las despedidas son la base para volver a construir, debemos dejar parejas, amigos, familiares, defectos, manías, neurosis, psicopatías, pensamientos, sueños y todo lo que a uno no le permita estar en paz, debemos despedirnos aunque no nos quieran dejar, aunque no se diga nada, las despedidas son con uno mismo, por la propia estabilidad.
Cuando recuperamos la noción, cuando se extingue el dolor, todo alrededor brilla, nos fijamos nuevamente en las estrellas, en el cielo, en la dirección e intensidad de la corriente del aire, en el movimiento de las hojas y árboles, en el sonido de las aves y grillos, en la luna y el sol, nos sentimos más encajados, gozamos caminar sin destino, saludamos sonrientes aunque no nos correspondan, los días se vuelven vivibles y gozables.
Seguimos compartiendo información buscando la re-evolución amazónica en “HABLEMOS CLARO” por Amazónica de televisión Canal 2, de lunes a viernes de 9.00 a 10.00 pm.