Fernando Herman Moberg Tobies
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@FernandoMobergT

 

 

A veces nos sorprendemos de nosotros mismos, volvemos al pasado lejano y sentimos que poco podemos reconocer los pensamientos que marcaron cada una de nuestras decisiones, nos asombramos de cómo logramos lidiar y sobrevivir ante cada situación a la que nos expusimos.
Nos enamoramos de personas que llenan nuestros vacíos emocionales y no nos comprometemos con aquellas que podrían motivar nuestra alma sin condenas al sufrimiento en el nombre del amor que se justifica humanamente con el perdón que esconde la virtud de la divinidad, donde las excusas de la responsabilidad de las acciones no tienen cabida de razón mortal.
Avanzamos respirando el mismo aire que no selecciona o delimita, no territoriza o lucra con la necesidad, compartimos el sol que no cobra por exclusividad, ni la luna ni las estrellas te piden la coima por la inspiración que despiertan en ti.
Juzgamos con el derecho de que nuestra experiencia funciona mejor que la de otros, sin respetar la búsqueda que cada persona tiene inconscientemente. Aprendimos mal la manera de observar a las personas, entonamos las palabras solo por placer de desperdiciarlas, sin que logren construir algo, más que inflar la vanidad y desviarnos de la energía a la que realmente pertenecemos.
En algunas ocasiones nos equivocamos sin intención, repitiendo los patrones incrustados en nuestra mente que todo lo sabe y todo lo resuelve, cuando rebuscamos en lo más profundo nos damos cuenta que nunca se superó totalmente lo que nos deprimía, sino que se optó por realizar otra actividad que lentamente te desconectaba, pero que cuando en momentos que la crisis supera toda paciencia, salen a flote las cruces invisibles que cargamos con bondad enferma y vuelven miserable la existencia mental.
La percepción está estancada en el campo material, exterior a nosotros y todo se filosofa en esos preceptos que desvalidan a la intuición espiritual que se exterioriza por los latidos del corazón, que también tiene neuronas y su papel fue desacreditado, convertido en metáforas que solo quedan en frases de poemas y canciones que no trascienden nuestro poder.
La “libertad de los derechos humanos”, el “dios y el diablo de la iglesia”, la “democracia política”, han maquillado la esencia de nuestra raza, las grandes potencias han direccionado la información que debemos o no recibir, guiándonos a un eterno sufrimiento psicológico, personas divididas por categorías como producto mercantilista, pobreza absurda frente a tantos millones que se generan por personas comunes que consumen en masa lo que ofertan los poderosos.
En verdad, considero que mucho hablamos y poco hacemos sin ver la competencia que nos atormenta, no hacemos nada solo por el placer de hacerlo, competimos para demostrar que somos superiores, en conocimiento o en estatus social, o lo que sea para reforzar que como tú no hay a pesar de todo, otro.
Pero cuando apaciguamos la marcha, nos detenemos un momento, contemplamos el horizonte, la naturaleza, cuando dejas entrar la luz del conocimiento a cada espacio que ya no querías volver a re sentir, cuando te vuelves a conocer con ideas llenas de verdad, no necesitarás aprobación, ni a ninguna persona para hacer que tu día sea especial, porque tu conquista ya no será terrenal, sanarás cada humillación, incomprensión, frustración y todos tus esfuerzos serán abrazados, bendecidos porque entenderás el valor que cada persona emprende para conocerse.
En algunas ocasiones me pregunto si el sistema que vivimos: nacer, estudiar, trabajar, conquistar un nombre, tener familia y morir, es el fin natural espiritual de un ser humano que no es ni plástico ni artificial, sea cual fuera la creación de nuestra proveniencia, no encaja la creación por el acceso al dinero.
Si la sociedad no existiera bajo el sistema de esclavitud encaletada, me pregunto si podríamos pasar más tiempo con la familia, investigando nuestro origen, viajando y conociendo nuestra esencia, brindando protección e información a los que necesitan y sobre todo compartiendo verdadero amor. Pero como siempre, dirán…, pensamos con la mente y no con el corazón, y ahí nuestro error. Busquemos la Re-Evolución Amazónica, mis mejores energías para todos ustedes en este nuevo año 2017.