Por: José Vásquez La Torre

 

Es increíble, pero en nuestra ciudad todos los días nos enteramos de lamentables accidentes de tránsito, en la mayoría de los casos de vehículos menores, es decir de motocicletas o motocarros.

Recuerdo que hace muchos años atrás también existían las motocicletas incluso se celebraban competencias en la antigua circular de Morona Cocha en las que intervenían motoristas de renombre en nuestro medio como Ventolini que corría en una BMB alemana, Valdés en una NSU también alemana, Ampudia me parece que también lo hacía en NSU, intervenían las italianas Gilera y las motonetas Vespa, la Norton americana, después llegaron las Hondas, Zuzukis, Yamahas y demás marcas.

Los antiguos motociclistas eran muy cuidadosos de sus equipos y ellos también en sus hábitos personales pues sabían que los excesos no los llevarían a buen fin. Recuerdo a un amigo de mi padre, el alemán King que tenía una de las primeras Honda 50cc. Y fue quien nos enseñó el manejo y nos prestaba su moto para poner en práctica todas las lecciones teóricas que antes de subirte a la máquina teníamos que cumplir

Primero nos dio el catálogo o manual que venía con el equipo, recuerdo claramente como este librito nos instruía en el uso del equipo. Primero nos recomendaba que nos familiarizáramos con la máquina, antes de usarla le diéramos una vuelta para verificar el aire de las llantas, los estribos, los frenos, los manubrios, el aceite del motor, el combustible, el agua de la batería, la cadena de transmisión. Una vez sobre la moto se verificaba que los frenos funcionen perfectamente, colocarse el casco, los anteojos para el polvo, los guantes y demás protectores del cuerpo en caso de un despiste.

Después de todo este rito, recién colocábamos la llave del encendido, comprobamos la luz verde del indicador de neutro y prendíamos el motor, después de calentarlo por un momento, recién nos disponíamos a conducir el equipo con la recomendación final de que manejábamos un artefacto sumamente peligroso, y que debíamos proceder con mucho cuidado siempre.

Actualmente en nuestra ciudad un padre de familia compra una moto para su hija o hijo y cree que porque maneja medianamente una computadora está dotado para manejar una moto y de allí los resultados lamentables.

Manejar una moto es un acto de demasiada responsabilidad por lo que deberíamos antes de aventurarnos a salir a la calle con el juguete nuevo, pasar por un curso de entrenamiento de manejo del vehículo, pues no todos son iguales, un examen sobre todo de las reglas de tránsito, la tarjeta de propiedad y el brevete correspondiente, si no hacemos esto, mejor no toquemos el equipo.

Los motocarros que circulan por nuestra ciudad modifican el tubo de escape para producir tremendo ruido, sin embargo ninguno tiene un adecuado sistema de freno. El sistema original de estas motos frenan las llantas posteriores con el pedal de la derecha y la manija del lado derecho del timón frena la rueda delantera. En la mayoría de los motocarros solo les funciona el freno de la llanta posterior derecha, las otras llantas no tienen frenos, y así corren por nuestras calles con sus pasajeros expuestos a un accidente lamentable.

Antes, la oficina de tránsito obligaba a que todo vehículo pasara por una revisión técnica para comprobar las condiciones de los vehículos, hoy todo esto es letra muerta, habrá alguien que quiera poner las cosas en orden. Esperemos que sí.

 

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