– Rece bien antes de salir de casa, puede que sea el último día de su existencia:avenida Quiñones

Por: Adolfo Ramírez del Águila
arda1982@yahoo.es

A una semana de la terrible muerte del profesor Luis Alberto García Capuena en un trágico accidente de tránsito, es pertinente meditar sobre la peligrosa aventura que resulta trajinar en las calles congestionadas, desordenadas, polvorientas, desniveladas y ahuecadas de nuestra ciudad.
Lo que le pasó a este colega, docente del nivel secundaria de la IE «Madre Teresa de Calcuta», le puede pasar a cualquiera. En circunstancias que manejaba su motocicleta por la avenida Abelardo Quiñones, camino a dar clases a sus alumnos, fue arrollado y molido por un pesado volquete arenero, dejándolo casi instantáneamente sin vida. Los maestros, en especial sus colegas cercanos, no podíamos creer que la vida valiosa de un docente loretano se pierda de una manera tan trágica.
De un tiempo a esta parte, la avenida Abelardo Quiñones, que lleva el nombre de un aviador,  se ha convertido en una vía por donde «vuelan» literalmente los vehículos, como en una loca carrera hacia la muerte. Ironizando la desgracia,  las municipalidades deberían poner paneles al inicio de esta avenida con la siguiente advertencia: «Querido peatón y estimado conductor, antes de recorrer esta vía, rece una oración por su alma, porque posiblemente sea el último tramo de su agitada existencia».
El mejor homenaje póstumo a este maestro de matemática, el profe Luis Alberto, sería, que los maestros que quedamos vivos, intensifiquemos una sistemática educación vial en nuestras escuelas, para orientar a las nuevas generaciones y a sus padres, hacia una toma de conciencia de sus derechos, pero también de sus deberes como peatones y conductores. Es increíble el grado de imprudencia e irresponsabilidad a la hora de manejar: conductores sin licencia, conductores ebrios, choferes que no respetan el semáforo; peatones que cruzan a media calle,  etc. Nos falta re-educación vial urgente.
Que las miles de pérdidas humanas que han enlutado a tantas familias loretanas, nos sirvan como una ruta de aprendizaje para crear una cultura de la prevención de accidentes. No debemos de seguir lamentándonos sobre la sangre derramada; el aumento de víctimas mortales en nuestras calles, son indicadores de la baja calidad de vida en nuestra ciudad.
Recuerdo como si fuera ayer (Enero del 2012), la terrible muerte que encontró la Dra. Bertha María Ramírez Manrique en los cruces de la avenida 28 de Julio con Periodistas, frente al Hospital Regional; iba de pasajera en una motocicleta rumbo a su centro laboral. Meses después,  cuando las autoridades del Poder Judicial no hicieron justicia ante esta muerte, porque el vehículo pesado (mezcladora) que le aplastó era de los chinos, el esposo de la galena fallecida, el Dr. Jorge Luis Wong Armas, se fue de Iquitos diciendo algo cuestionador: ¡Nunca más vuelvo a esta maldita ciudad!
Ojalá que nuestros alcaldes en alianza estratégica con quién corresponda, ordenen el caos vehicular, y lideren la gestión de  una ciudad moderna y segura que todos los vecinos reclamamos.  Pedimos a Dios Todopoderoso, que ilumine a estas autoridades y tomen decisiones lo más rápido posible. No queremos que nuestros hijos o nosotros mismos,  seamos las próximas víctimas de esta macabra estadística de muertes por accidente de tránsito; que el Altísimo no lo permita. En todo caso, recomendamos el siguiente SOAT espiritual: antes de salir de casa, despida bien a sus seres queridos, rece un padrenuestro y un avemaría y esté preparado para cualquier eventualidad fatal provocada por algún imprudente al volante.
Que Dios padre bueno, acoja en su reino celestial a todas las víctimas mortales de tantos accidentes en las calles , en especial al maestro Luis Alberto García Capuena, al cumplirse ocho días de su fallecimiento. Fortaleza y esperanza a sus familiares que lloran aún este arrebato cruel. Que el sacrificio de estas personas clavadas en esta moderna cruz de asfalto y cemento, actualicen la redención de Cristo, que se inmoló para mostrarnos el triunfo pascual de la vida sobre la muerte cruel e injusta. Amén.