Alguna vez, un día que no queremos recordar, un bárbaro mandó destruir un monumento histórico, donde estaban  dos obras de un gran pintor loretano, que había plasmado con su arte, el descubrimiento del río de las Amazonas por el capitán español Francisco de Orellana y la llegada de los primeros barcos de la Marina de Guerra enviados por el presidente y Gran Mariscal del Perú, Don Ramón Castilla.

Estos magníficos murales de César Calvo de Araujo, adornaban con su majestuosidad el Salón de Actos de la Municipalidad Provincial de Maynas, hasta el día en que un alcalde se encargó de desaparecer el edificio. Los murales se resquebrajaron al ser extraídos, dañando inclusive la pared de otro inmueble histórico como es la casa de Fitzcarrald en la esquina de Raimondi con Napo.

Ha pasado el tiempo y con él los deterioros propios que imprime los años. La administración municipal siguiente presidida por Charles Zevallos no hizo nada  para recuperar las obras artísticas.

La presente gestión edilicia, para de anuncio en anuncio, de que se dará la restauración de los murales, que ya viene el especialista, que el especialista recomienda otro ambiente donde colocarlos y no hay cuándo se inicie el trabajo. Y si algún día se da la restauración, esperemos que no sea cuando ya no se pueda hacer nada. Y si se da, esperemos  que así sea, se los coloque en un ambiente  donde no haya humedad y no estén expuestos a que otro bárbaro Atila disfrazado de alcalde los mande derruir.

Las obras artísticas deben estar bien protegidas del tiempo y de los hombres, porque el transcurrir de los años  no sabe de arte y muchos hombres no comprenden, por su ignorancia, lo que vale el talento.