• El fútbol, logra el mejor milagro en este Mes Morado:

Por: Adolfo Ramírez del Aguila
Docente de Educación Secundaria

 

La pasión por el fútbol, nos ha devuelto la fe perdida, esa fe de ir al mundial. Después de más de 30 años, estamos a 90 minutos de ir a Rusia 2018. El milagro que ha logrado el deporte rey, el de unirnos en una sola pasión y en un solo objetivo nacional, ha desatado una verdadera psicosis colectiva.
Después de estar casi por debajo de la tabla de posiciones en las Eliminatorias al Mundial, como para ver y creerlo, estamos a un gol de ponernos entre los grandes, para ir al campeonato más popular del planeta. Nuestros hijos quizá no se emocionen tanto, pero los de la anterior generación, sí que lloramos de alegría, esperando ver que nuestro equipo vaya nuevamente al mundial.
Mañana martes, será un día muy singular. Todos nos pondremos la camiseta blanquiroja y disfrutaremos del Perú-Colombia, con el vértigo de tener frente a nosotros solo dos únicas posibilidades: ir al mundial ¡ya! o esperar una nueva oportunidad. Si es la primera gran posibilidad, ojalá diosito lindo lo quiera, la alegría estará asegurada, pues, veremos a nuestro seleccionado en el mundial, después de España 82. Si es la segunda probabilidad, nos tocará recomponernos para mantener prendida la llama de la esperanza.
De esta fe masiva y desbordante en nuestros once titulares, que han demostrado resultados en el terreno de campo, tenemos que sacar alguna lección para extrapolarla a otras canchas de la vida y evitar su burda utilización como psicosocial.
En la movediza cancha política, por ejemplo. Nuestras autoridades, hace mucho tiempo que ya no son inspiración de fe y esperanza para nuestro pueblo; todo lo contrario, han perdido credibilidad porque nos han demostrado hasta la saciedad, que son como esos árbitros vendidos que juegan a favor del equipo contrario. Es hora de aprender la lección y exigir a las autoridades políticas un desenvolvimiento más honesto y trasparente.
En la incierta cancha social. Nuestros agentes sociales, en especial nuestros líderes sindicales, hace rato que no meten un solo gol para clasificar al mundial de la dignidad laboral. Nuestros dirigentes, solo buscan su propio partido para conseguir prebendas del poder y callarse ante las injusticias, abandonando al pueblo obrero y campesino a su suerte. Es hora de sudar la camiseta por el Perú trabajador defendiendo sus derechos inalienables.
En la contradictoria cancha religiosa, hay que aplicar también los resultados del deporte. Nuestros líderes eclesiales, dudan a la hora del tiro penal para introducir la alegría del Evangelio; andan cabizbajos y ensimismados en una fe personal y alienante, no se sabe si juegan para el equipo del bien o para el equipo del mal. Es hora que la religión vuelva a retomar sus orígenes y se las juegue por la causa de Jesús, el del mayor compromiso por un mundo más humano.
En la crítica cancha familiar. Los padres y madres de familia, han descuidado la unidad familiar, la sinergia grupal y el entrenamiento de los hijos para que triunfen en la vida. Imaginémonos que el entrenador Gareca, hubiera abandonado a sus pupilos cuando el seleccionado nacional mordía la derrota permanente y nos ubicábamos al fondo de la tabla; terrible, ¿no es cierto? Pensar que hay padres que abandonan el hogar cuando algo marcha mal y no son capaces de poner alma y corazón por su familia en crisis. Padres, aprendamos del deporte rey y pongamos en práctica la resiliencia familiar, para salir del fondo de la desacreditación conyugal y parental.
En la movida cancha educativa, pongamos la mística del deporte, para ir al mundial de la elevada calidad educativa, para estar entre los grandes de la inversión escolar, para ganar el decisivo partido contra el analfabetismo cultural y la pobreza espiritual de nuestros niños. Directores, funcionarios educativos, docentes y padres de familia, pongámonos una sola casaquilla, para que clasifiquemos en el mundial de la anhelada calidad educativa. ¡Sí se puede!
Que Dios Padre de todos los pueblos latinoamericanos, bendiga a las naciones unidas en la pasión del deporte rey; que este sentimiento que ha logrado hermanarnos a pesar de nuestras diferencias, continúe en todos los ámbitos de la vida ordinaria.
Señor de los Milagros, líbranos del juego sucio de los políticos corruptos, de la trampa offside de los líderes sociales que se venden al equipo contrario, de los líderes religiosos que venden su alma al equipo de satanás, de los padres de familia que abandonan la cancha familiar antes del pitazo final, y de los funcionarios educativos que no se ponen una sola camiseta por una escuela de calidad. Amén.