Resultará manido el tema, para muchos y más aún para el comando policial, pero pese a que  ya hemos tratado hasta la saciedad, el tema de la seguridad ciudadana, en las 24 horas del día, dicha medida no asoma por ningún lado y los delincuentes siguen engrosando sus filas y cometiendo cada vez mayores latrocinios y agresiones sangrientas, la mayoría de las veces, sin que se perciba una acción policial que inspire confianza.

Parecerá exagerada nuestra visión sobre le tema, sin embargo, lo denunciamos impelidos por experiencias propias y de un sinnúmero de victimas de pirañitas, delincuentes juveniles y ladrones asaltantes de amplio prontuario delictivo, que saben por haberlo aprendido por experiencia propia, cuánto de protección les brindan las leyes que increíblemente emanan de los ámbitos del    congreso y del poder  judicial mismo.

Durante nuestra tarea periodística, frente a nosotros y hasta de efectivos policiales, delincuentes menores de edad cometen sus tropelías y robos apoyados por cómplices que aupados en un motocarro, arrebataron su cartera a una señora que salía  de un tragamonedas, trepándose de inmediato a un motocarro piloteado por dos jóvenes delincuentes;  y curiosamente frente a dos efectivos policiales que  mientras la señora pedía auxilio, miraban indecisos el motocarro que se alejaba, tras breve duda, recién montaron en  su moto, mientras los fugitivos se perdieron de vista.

Personalmente, en tránsito a nuestro domicilio, a las 11 de la noche  sufrimos el ataque de parte de tres jovenzuelos que nos propinaron un golpe en la espalda con el techo de la moto y al caer al suelo arrebatando inmediatamente después de la agresión, nuestra máquina fotográfica digital, desapareciendo raudamente luego de tal acto.

En estos días, ninguna arteria de la ciudad se encuentra limpia de tales delincuentes, antes bien los lugares estratégicos para que cometan sus tropelías van aumentando, en el centro de la ciudad, cosa que puede  verse en un céntrico restaurante bailable ubicado en una de las calles más céntricas de Iquitos, en cuyas cercanías desde que abrió sus puertas pululan pirañas, arrebatadores, vagos peligrosos y varias jovencitas que ofrecen sus servicios al mejor postor…y la policía, bien gracias ¿Hasta cuándo?