• Marcha atrás en la pretensión dictatorial de Nicolás Maduro:

Por: Adolfo Ramírez del Aguila.
Docente de Educación Secundaria

 

Pudo haber sido fatal. El gobierno de Nicolás Maduro intentó cerrar arbitrariamente la Asamblea Nacional, el poder legislativo de Venezuela, utilizando al Tribunal de Justicia como cola de furgón. La medida no prosperó, sin embargo los vientos dictatoriales hacen sonar nuevamente los sables y rifles en América Latina. Como en todo acto político desmedido, los autores, el izquierdista Maduro y sus partidarios chavistas en el gobierno de turno, justificaron su fallida decisión aduciendo que el Parlamento, con mayoría opositora, estaba desacatando las «órdenes» del presidente.
Tanto en las dictaduras populistas de izquierda (el caso venezolano del chavismo), como en las dictaduras populistas de derecha (el caso peruano del autogolpe del fujimorismo de 1992), los gobiernos intolerantes a la voz discrepante de sus opositores, terminan arrastrados hacia el tentador extremismo autoritario. Coincidentemente, este miércoles 5 de abril, se cumplen 25 años del autogolpe de Alberto Fujimori y su socio Vladimiro Montesinos, quienes cerraron el Congreso y asaltaron todos los poderes del Estado. Como para «celebrar» estas bodas de plata, el gobierno de Maduro intentó re-editar un «golpe de estado», vieja práctica antidemocrática patentado por los militares en la América Latina de los años 80, y ahora utilizada por políticos civiles tanto de derecha como de izquierda.
Alguno de mis alumnos de secundaria con quienes interactúo permanentemente, y que están conectados en tiempo real a los debates y a la información que circula en las redes, me abordaron al respecto sobre los últimos actos del popular gobernante venezolano: -Profe ¿el presidente Maduro es un dictador? Les contesté sin dudar: -Sí, es un dictador, porque desde hace algunos años atrás, viene persiguiendo a los líderes políticos opositores y acallando a la prensa independiente de Venezuela, como lo hizo Fujimori en nuestro país, en la década de los 90; y, además, porque acaba de mostrar una vez más, su fuerza autoritaria, intentando «disolver, disolver» el Parlamento.
Mis amigos izquierdistas con quienes comparto sueños por un nuevo Perú, seguramente se molestarán por esta posición personal con respecto al actual gobierno del izquierdista Maduro. Mi formación religiosa, me permite adoptar esta independencia intelectual y espiritual, frente a ciertas viejas consignas que en los grupos de izquierda peruana y loretana, se abandera con respecto a las praxis socialistas de algunos países. Tanto cuestionan al dogmatismo del catolicismo, que terminan asumiendo sin el menor reparo el dogmatismo político. Tanto cuestionan la dictadura de Fujimori, y, sin embargo, terminan avalando y justificando en su discurso político a la dictadura chavista de Maduro.
Esta crisis venezolana, no encuentra la luz al final del túnel oscuro. Recuerdo que desde que escribo en este diario loretano, me he expresado en varias oportunidades sobre la realidad del país vinotinto. El 02 de marzo del año 2014, salió publicado un artículo titulado: «Nuestros hermanos venezolanos»; en ella, tomo posición con respecto a esta falta de diálogo de un gobierno, que con el cuento de la intromisión del imperialismo yanqui, estaba sometiendo a sus ciudadanos a la más violenta represión, sin un atisbo de aceptación de sus errores de gestión de gobierno. Con esta actitud cerrada, propia de las dictaduras, estaba condenando al pueblo pobre a la más absoluta miseria y muerte. Aún recuerdo a la joven universitaria Génesis Carmona, de 23 años, participante de las protestas en contra del gobierno, que fue impunemente asesinada por una «bala perdida».
Es honesto reconocer, que también resalté en otro artículo de fecha 07 de noviembre del 2016, bajo el título: «Venezuela: SOS», el esfuerzo del presidente Nicolás Maduro, para darle salida a la crisis política. No dudó en visitar al mismísimo papa Francisco en Roma, para pedir su intermediación en la solución pacífica al entrampado histórico. Recuerdo que los obispos venezolanos ya venían intermediando en esa línea del consenso y la negociación, formando mesas de concertación y diálogo con la oposición, y que como producto de ello, se había logrado la liberación de algunos líderes opositores encarcelados.
Lamentablemente, todas estas soluciones pacíficas y civilizadas por buscar una salida integral a la crisis, no están teniendo el éxito deseado y más bien empiezan a primar las fuerzas oscuras dictatoriales del chavismo, que felizmente ante la protesta internacional, dio su brazo a torcer. Nuestro país, el Perú, lideró a través de las decisiones del gobierno de PPK, una clara posición diplomática, en contra de los ensayos antidemocráticos del presidente venezolano, quizá porque es un gobierno de derecha. Recuerdo que el anterior presidente Ollanta Humala Tasso, autoproclamado de «izquierda», nunca tomó una posición clara, porque recibió generosas donaciones del gobierno chavista para su cuestionada campaña electoral del 2006 y 2011.
El futuro de Venezuela es de pronóstico reservado y se espera que los organismos garantes del estado de derecho internacional, y también la oportuna intermediación de la iglesia católica, ayuden a promover una salida diplomática y política a la actual crisis venezolana. Esta turbulencia política está demorando mucho, y sus consecuencias han embarcado al pueblo venezolano a experimentar una verdadera crisis humanitaria, por la terrible escasez de alimentos y sumida en una extrema pobreza, en el país que paradójicamente tiene los más ricos yacimientos de petróleo.
Que Dios, padre de todos los pueblos y la virgencita de Coromoto, Patrona de Venezuela, iluminen a todos los hombres de buena voluntad para que pronto tengamos buenas noticias de este sufrido país. «Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! Golpes, como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé!» (Poema «Los heraldos negros» de César Vallejo)
¡De las dictaduras de derecha, pero también de las dictaduras de izquierda ¡líbranos Señor! Amén.