• Líder de una auténtica revolución para unos, un tirano farsante para otros:

 

 

Por: Adolfo Ramírez del Aguila.

Docente de Educación Secundaria


 

La inevitable muerte, la hermana muerte como solía llamarla el santo de Asís, visitó al viejo líder y padre de la revolución cubana, Fidel Castro Ruz (1926-2016). Noventa años de vida se apagaron, casi todas ellas dedicadas íntegramente a una de los procesos políticos más controversiales en la historia contemporánea: la revolución cubana.

La pequeña isla del mar caribeño, un día antes de esta gesta, era el burdel o patrio trasero del imperialismo norteamericano, hasta que en 1959 un joven guerrillero llamado Fidel, al mando de una milicia de trabajadores y obreros decididos, ejecuta un asalto armado para tomar el poder político en Cuba. El dictador Fulgencio Batista, presidente de ese entonces, fue depuesto y deportado, dándose el pase a lo que se conoce como la revolución cubana de los Castros.

De Fidel, junto a sus restos mortales, que se velarán por nueve días, se podrá decir de todo. Sus amigos y militantes le prodigarán sendas alabanzas; sus enemigos y detractores le asignarán maldiciones. Para unos un héroe, un revolucionario; para otros, un villano, un dictador. Para sus seguidores un gran político progresista que se atrevió a enfrentarse al imperio de turno y construir una nueva nación al servicio de los desposeídos; para sus detractores, un farsante y demagogo que hundió a su pueblo en el aislamiento bajo el yugo de la dictadura del partido único.

Acabo de leer los múltiples comentarios que se postean en las redes sociales a raíz de esta noticia; y es interesante la confrontación de opiniones que se está dando en este foro democrático del cual el ciudadano de a pie se ha apropiado para expresarse en tiempo real. Dejo a los expertos cubanólogos que hagan el ejercicio de su análisis, en este espacio de opinión, me limitaré a rescatar el proceso cubano desde la óptica religiosa.

El papa Francisco visitó la isla en setiembre del 2015. Sus antecesores, el papa Benedicto XVI y también Juan Pablo II, hicieron lo mismo durante sus respectivos pontificados, mostrando una actitud pastoral de acompañamiento a este caribeño país rebelde, cual pequeño David que se atrevió a delinear su propia ruta histórica en plena guerra fría, enfrentándose al gigante Goliat norteamericano.

A pesar que ideológicamente casi todo líder socialista se declara ateo, no creyente en Dios, la jerarquía Católica siempre respetó la postura anti religiosa de los Castros. Los cristianos progresistas, en la línea pastoral de la Teología de la liberación, hemos mirado siempre con simpatía, el proceso cubano, no tanto por la satanizada lucha armada como medio que justifique el fin, sino por el espíritu de rebeldía ante tanto abuso de parte de los dueños del mundo, como cuando el pueblo de Israel forjó su liberación del yugo egipcio (libro del Éxodo)

El papa Francisco, siguiendo la línea de sus antecesores, intercedió para que el país de los castros, se abra al mundo y el mudo se abra a Cuba. El imperio norteamericano, castigó económicamente a la isla por atreverse a hacer su propia revolución, esperando que con esa asfixia sucumba en su intento liberador. No fue fácil mantener en contextos adversos un proyecto de país independiente; el pueblo cubano resistió y hoy en día con la muerte de Fidel, se esperan cambios sustanciales en la política de apertura que su hermano Raúl Castro, desde el 2006, gestiona con la mediación incluso del papado católico.

Ahora se viene la Cuba sin Fidel, en un proceso seguramente democrarizador de la isla, dejando a las nuevas generaciones de cubanos a tomar sus propias iniciativas autónomas: Ora el continuismo de una Cuba bajo la dirección del partido único, ora la Cuba abierta democráticamente a las diferentes tendencias políticas, incluyendo a los anticastristas.

Todos los líderes importantes del mundo político e incluso religioso, tuitearon sendos mensajes de condolencias al pueblo cubano. El papa Francisco escribió a través de sus instancias diplomáticas, el siguiente mensaje: “Expreso mis sentimientos de pesar a vuestra excelencia (Raúl Castro) y a los demás familiares…al mismo tiempo, ofrezco plegarias al Señor por su descanso y confío a todo el pueblo cubano a la maternal intercesión de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre”.

Que el Señor de la vida y la resurrección, acompañe en este momento de dolor al pueblo cubano, rogando por nuevos tiempos de aggiornamento político, de perestroika ideológica. Cuba es un pueblo que siempre ha buscado con valentía su liberación integral, ahora sin Fidel, desde el derrotero que decidan orgánicamente sus ciudadanos.

Los países hermanos que siempre hemos reconocido a la Cuba de los Castros como un país soberano, hacemos votos para que la revolución caribeña continúe y los cambios se operen, bajo la libre determinación de los pueblos. Que Dios bendiga a Cuba. Amén.