Han tenido que pasar  casi 50 años desde que comenzó la explotación del petróleo en Loreto, para que recién el Estado se preocupe del impacto ambiental desastroso que han tenido que sufrir los pueblos indígenas asentados en la cuenca del Pastaza.

El negocio del petróleo ha traído desgracias a nuestra tierra, como en todas partes donde se lo explota. La ambición del hombre en ese sentido, lo lleva a enfrentarse a la naturaleza, malogrando el medio ambiente, lo que a la larga tiene que tener funestas consecuencias. 

Al Estado, gracias a un descarnado informe de una comisión parlamentaria, no le ha quedado más que declarar emergencia ambiental para el Pastaza. Ahora se espera que las medidas que se tomen sean positivas, las más adecuadas para paliar en algo, porque imposible va a ser devolverle la salud totalmente, el estado en que se encuentra esa zona. 

La contaminación tiene elevados índices, por lo que es necesario que la conformación de una comisión que se encargue de coordinar con los organismos que tienen que ver el asunto, se haga a la brevedad posible para actuar con rapidez efectiva. 

En esto, tanto la empresa petrolera como el Estado deben unirse para remediar el daño causado, sin regateos de ninguna especie, porque si a la vida le hemos causado daño, lo menos que podemos ofrecerle es nuestra mejor disposición para curar sus heridas. 

Y, en lo sucesivo, se tome en cuenta para todo lo que se quiera hacer en nuestra Amazonía a los grupos étnicos, a la comunidades indígenas, que ellos saben más que nosotros cómo cuidar la selva