La veneración multitudinaria de fe, que mueve montañas humanas

Por: Adolfo Ramírez del Aguila.
Docente de Educación Religiosa

Señor de los Milagros

Señor de los Milagros

Si usted se acerca como sociólogo a una de las tantas procesiones que se celebran en este mes de octubre, se encontrará con una multitud impresionante de personas llenos de devoción y fe callejera, que han decidido peregrinar en torno a una pintura religiosa para expresar su relación con la divinidad y su relación socio-religiosa. Si se acerca como un historiador, esta devoción será un fenómeno de hechos del devenir de un país que ha forjado su identidad al calor de una devoción de alcance primero limeño y ahora nacional e internacional, forjando ciudadanos y ciudadanas que apuestan por un toque de mística católica a su sentir peruano cuyas raíces culturales vienen  desde el acontecer  colonial.

Pero si usted se acerca a participar de esta multitud de creyentes, sintiéndose parte de esa comunidad en marcha; la contemplación  al Señor de los Milagros adquiere otro matiz.  Los sociólogos e historiadores continuarán estudiando este fenómeno religioso; los devotos y creyentes sin embargo, vivenciaremos esta devoción como un momento trascendental de oración, canto y alabanza que afianzará nuestra religiosidad popular y que va a repercutir inevitablemente en nuestro estilo de vivir la fe y el compromiso que exige.

Como todos los años, el mes de octubre se viste de morado, y el milagro más grande que se espera siempre es que cambien los corazones de las personas y que entre estos corazones enamorados del Perú,  se haga el milagro de un sincero y verdadero Acuerdo Nacional para enrumbar el país hacia la justicia, la paz y la inclusión social: “con paso firme, de buen cristiano, hagamos grande nuestro Perú” reza el himno al Señor de los Milagros. Un mar humano avanza pidiendo por este milagro, porque necesitamos de verdad, una ayuda del cielo para este propósito y solo así combatir tanta corrupción en nuestro querido Perú. Pedimos al Cristo Moreno por ejemplo, que nos libre de Obispos pedófilos, de Congresistas robasueldos, de Alcaldes mentirosos, de Presidentes Regionales autoritarios, de Presidentes de la nación violadores de la ley y de ciudadanos y ciudadanas cómplices de estas autoridades elegidas por nosotros mismos.

Que nuestra devoción a la Imagen del Cristo de Pachacamilla, nos ayude a fortalecer la fe en un Perú que se cure de sus miserias y que en este Año de la Fe, pedir perdón por tanto dolor que causamos a los demás, por tanta violencia, por tanta desdicha que sembramos con nuestras actitudes autodestructivas, por tanta frustración que sistemáticamente engendramos en este pueblo que aún no ha perdido la esperanza en un mejor destino.

Que nuestra Madre Iglesia, teniendo como centro a Jesús muerto y resucitado, en este éxodo multitudinario hacia la tierra prometida, nos guíe por esos milagrosos caminos de liberación, de sanación, de santidad; no más escándalos intraeclesiales, queremos un compromiso más serio de nuestros líderes religiosos, para no traicionar esa gran consideración moral que tenemos aún de nuestra Iglesia Católica; queremos laicos, sacerdotes, religiosas y obispos más santos ¡Señor de los Milagros, concédenos esa gracia! Amén.