Como lo informa la revista “Otra Mirada”, en octubre del 2009, al igual que en otros años y sin variación ostensible en sus parámetros, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), presentó al Congreso de la República el proyecto del presupuesto general de la república para el año 2010.

En dicho presupuesto como afirma “Otra Mirada”, el MEF ha establecido los indicadores macroeconómicos que permiten determinar el tamaño del presupuesto, así como los techos presupuestales para cada sector y nivel del gobierno.

Como podrá advertirse, el MEF ya determinó cuánto y a quién deberá otorgarse los fondos que comprenden dicho presupuesto, lo que en buen romance hizo que el Congreso sólo juegue un papel decorativo, pues únicamente debatirá los aspectos  marginales del citado proyecto de presupuesto, terminando por aprobar el texto del MEF.

Si se examina detenidamente lo hecho, encontramos que el proyecto presentado pone fin a la descentralización  presupuestal de los últimos años, dice la revista, lo que provocará una escandalosa  re- centralización electorera a cargo de los ministerios respectivos.

Si bien hubo un pequeño retroceso en tales intenciones, lo que sí quedó claramente establecido es que el MEF es dueño de una especie de dictadura que no debe ser aceptada de ahora en adelante, pues ya es hora que el Perú cuente con presupuesto distinto al que hasta ahora ha regido la vida económica del país.

Hay que revelar que el original del presupuesto aquí tratado, dejaba a los  gobiernos locales y regionales con solo el 13  y el  15% del presupuesto público, mientras que el 72 % quedaba en el gobierno central.

Para tener una idea cercana a lo que  fueron los presupuestos en otras décadas, recordemos muy someramente los de los años 70 y 80 que fueron presupuestos grandes, como expresión de la fuerte intervención del Estado en el planeamiento del desarrollo de la actividad empresarial productiva además de otros aspectos.

En la década del 90 los presupuestos anuales dejaron ver el ajuste macroeconómico y la adopción del modelo neoliberal. El papel del Estado se concentra en la provisión de servicios sociales, la construcción de infraestructura y los programas de alivio de la pobreza. El modelo macroeconómico se vuelve rígido y el control de la inflación y el déficit  fiscal, desplaza el bienestar de las personas como si fueran fines últimos de la gestión del Estado.

Ante todo esto lo que la población quiere que se separe al planificador del cajero, que se rompa de una vez por todas el poder absoluto de que goza el MEF y que se cambie la forma de elaborar un presupuesto.