POR: JUAN SOREGUI VARGAS.

Desde hace cientos de años, se ha venido observando  individuos, grupos familiares, comunidades que intentan  aislarse de tal o cual sistema imperante en el mundo. Puede ser voluntario, como se dio en los conventos de la edad media y en los templos budistas, individual como aconteció y posiblemente suceda con algunos hartos del sistema industrializado en que nos desenvolvemos o comunitario como se ve en algunos grupos religiosos y de otro tipo.

Los que viven en este sistema comunal  en base a reglas estrictas y bajo un esquema pre concebido por los líderes formadores de estos círculos, pueden durar un  par de generaciones, pero, luego se fragmentan por propia iniciativa de los nuevos pobladores nacidos en ese seno. Es que el ser humano tiene una naturaleza exploradora, curiosa y quiere conocer qué es lo que hay más allá de ese mundo en que se originó y se educó.

Es una de las conductas prefabricadas que indican los científicos genéticos y sociales que poseemos desde nuestro nacimiento. Hace dos madrugadas estuve mirando una película en la que una comunidad Amishi de los Estados Unidos de Norteamérica, por propia voluntad de sus padres y abuelos se aíslan del mundo moderno. Viven sin energía eléctrica, sin refrigeración, sin aire acondicionado, se movilizan con carretas tiradas por caballos, utilizan ropa burda y a la antigua, las mujeres se cubren las cabelleras, usan ropas interiores a la antigua, no tienen computadoras ni celulares, etc. Muy cerca a esta, se desenvuelve una metrópoli con todas las cualidades y defectos de la ciencia y tecnología del mundo moderno. Y, como no es un aislamiento total, el eco de esta sociedad moderna llega a los integrantes de los Amishis, especialmente a los más jóvenes que, en su afán explorador, salen a curiosear y a embelesarse de lo que sienten, ven y escuchan. Los protagonistas se sienten más libres que nunca. Algunos de ellos no están preparados para insertarse en este sistema y se destruyen o son destruidos.

¿Por qué este comentario de la película basado en hechos reales de esta comunidad? Porque es lo mismo que va a suceder si las personas que no quieren inversión de empresas limpias en Loreto o en la Amazonia, es decir vamos a “aislar” a nuestros hermanos bosquesinos del mundo moderno y sin educarlos ni consultarlos.

Hace doce años hicimos una propuesta de hacer un nuevo y real diagnóstico de estas poblaciones bosquesinas en el marco del funcionamiento de este tipo de empresas y emplear metodologías de capacitación moderna en todos los campos,  que permitan a los nativos (indígenas y mestizos) con méritos  insertarse en el mundo globalizado sin perder su identidad ni cultura, como sucede con los indígenas norteamericanos.

Es indispensable repensar un nuevo tipo de trabajo de formación de nuestros hermanos que viven cerca a las empresas petroleras o mineras y de todos nosotros en general, para que ellos sin intermediarios sean los que negocien, en el marco de las leyes nacionales, su participación en estas industrias limpias, de lo contrario se verán aislados y mal preparados serán destruidos.

La preparación para adaptarse a este mundo globalizado debe darse en todos los niveles y áreas, incluida la alimentación, preparar hombres sanos y fuertes y bien informados para que nadie, sin distinción, los engañe con cuentos. Por eso, es muy importante destacar la labor de promotores del desarrollo sostenible en el Valle del Río Apurímac (VRA) como viene sucediendo en el caso del cultivo del cacao y su transformación y la práctica de la piscicultura que hacen los pobladores de esa zona llena de contrastes sociales y económicos, con orientación de los investigadores del programa AQUAREC del IIAP y otras instituciones promotoras. Hemos seguido de cerca la evolución de la piscicultura en el VRA y observamos por declaraciones de sus habitantes, indígenas y mestizos, y reportajes objetivos de la televisión que esta actividad ha sido positivamente aceptada, primero como un elemento para superar la desnutrición infantil y mejorar la calidad de vida y posteriormente para hacerla como en el caso del cacao una empresa rentable. Estamos seguros, que dentro de cinco años, estos pobladores, especialmente de las etnias indígenas podrán autoabastecerse correctamente y vender los excedentes y generar crecimiento económico con justicia social y respeto al ambiente.

Esto es un ejemplo de cómo utilizar bien el recurso económico de las actividades mineras (canon del gas de Camisea) en bienestar de la población que hacen los gobernantes de esas localidades y donde no se escucha propuestas de aislar a estos hermanos, con una nueva estrategia. Es imposible estar aislado del mundo globalizado  en los actuales momentos, es mejor prepararse para adaptarse y no ser destruidos.