Sucedidos ya los hechos que han dejado al APRA sin candidato  a la presidencia de la  república, se requiere de un examen minucioso de los prolegómenos de dicho proceso, pues allí estimamos que radica el quid del asunto en cuanto a la renuncia de la candidata del APRA y el polémico respaldo que recibió Jorge del Castillo de una raleada masa aprista.

El caso es que el ex primer ministro se puso en  sus trece y no aceptó dar un paso al costado en la ocupación del puesto número uno en la lista congresal del  APRA, tal como lo  exigió la candidata presidencial Mercedes Aráoz, en armonía con la promesa partidaria de evitar que vayan en la lista candidatos que tengan cuentas pendientes con la justicia peruana.

Al exhibirse la lista que iba a cumplir con el trámite de oficialización para el acto eleccionario congresal, Aráoz manifestó su disconformidad  con la ubicación de Jorge del Castillo en el puesto número uno  y aseguró que si no se respetaba lo acordado, es decir  que ella designaba al número uno, renunciaba a la nominación presidencial.

Al parecer a Del Castillo le pareció una bravata de la candidata dicha postura y relegando su condición de aprista de nota y prestigio ganado a costa de mucha entrega y sacrificio, insistió en conservar el puesto número uno, recurriendo al auxilio de las basas en procura de una aprobación masiva, que a las finales le favoreció, pero dejó al APRA fuera de la carera presidencial por la renuncia inmediata de Aráoz a la candidatura presidencial.

Ahora se trata de determinar hasta dónde puede otorgársele validez a la consulta de las bases, cuando ha quedado dilucidado que a la cita eleccionaria congresal  del APRA sólo asistió el 8 % de apristas inscritos en el padrón de militantes.

Así queda demostrado que el 75 % de votos que logró Del Castillo, fue un porcentaje proveniente  de los 8 mil 980 votos, que asistieron a la  consulta. Cuando en realidad el padrón del APRA  presenta un total de 109 mil 939 militantes, lo que pone en evidencia que Castillo no logró una victoria plena, pues por las características de la consulta,  esta fue una victoria pírrica por la que perdió la institución política más longeva del país y el único partido nacional con nombre real de partido político.