Escribe:

Ing. César Calderón Vela

Reg. CIP. N° 32486

 

 

La pobreza no tiene una definición clara ni universal, pero está asociada a muchos aspectos de la población humana, entre ellas, las carencias, la insatisfacción de las necesidades básicas, una insuficiencia de ingresos y privación de bienes y servicios, entre otros. Estadísticamente, pobres son quienes están por debajo de la variable determinada que refleja el bienestar. Las fuentes vinculadas al estudio de la pobreza, coinciden en señalar que la pobreza ha disminuido en el Perú, revelando una mejora en las condiciones de vida de la población en los últimos años. En el Perú, las cifras oficiales de la pobreza se miden según el enfoque monetario, que considera a una persona como pobre si reside en un hogar cuyo gasto per cápita es inferior al costo de una canasta básica de consumo (INEI, 2015). Es decir, para el año 2014, una persona era pobre si tenía una capacidad de gasto, per cápita, mensual inferior a S/ 303.00 y deja de ser pobre si su ingreso per cápita igual o superior a este valor. El Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI, ha determinado que una de las formas de diagnosticar la “pobreza” es descifrar las “necesidades básicas insatisfechas” (NBI), y de esta manera identificar a los hogares pobres. La pobreza en el 2010 era de 7.6 % y en el año 2015 alcanzó a 4.1 %, según IPSO – Perú la reducción de la pobreza hubiese respondido más en la creación de oportunidades de empleo formal y eso no ha ocurrido. Por un lado, la reducción de la pobreza es posible si y solo sí la política económica promueve que el sector privado empresarial genere trabajo decente.

En la medida en que las empresas demanden mano de obra, de baja calificación y productividad, y que esa demanda pueda ser satisfecha por muchos hogares en situación de pobreza, de esta se estaría haciendo realidad la inclusión social en el mercado de factores de producción.

Reducir la pobreza promoviendo el trabajo decente sintetiza las aspiraciones de las personas durante su vida laboral, es productivo y proporciona un ingreso digno, además de seguridad en el trabajo y de protección familiar. Para aquellos en situación de pobreza, la mano de obra es el recurso más productivo y valioso; por ello, la generación de empleo también debe garantizar el acceso equitativo a oportunidades de trabajo (Otorgar Programas Modulares de Capacitación para el poblador rural en Agricultura y/o Artesanía), así como velar por un empleo decente y que mejore la calidad de vida.

Dejar el asistencialismo para empezar a trabajar en políticas sociales orientadas a buscar aumentar el empleo, es decir que la política social sea “social-productiva”. Hasta el 2015 se invirtieron 10 mil millones de soles en los programas sociales. Si bien actualmente el Perú cuenta con acreditación internacional en Pensión 65, Beca 18 y Juntos, el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski ahora tendrá en sus manos replantear algunos programas y direccionar otros.

El esquema de desarrollo de un país no puede a un hogar mantenerlo durante todas las etapas de su vida recibiendo ayuda asistencial y viviendo de los impuestos de todos los peruanos. Más aún en momentos en que los ingresos del Estado son cada vez menores, al Perú no le sobra el dinero, y por ello es necesario repensar en qué se invierten los ingresos. Sin que eso signifique dejar de atender a los peruanos en pobreza extrema, pero de manera eficiente.