Por: Adolfo Ramírez del Aguila
Docente de Educación Secundaria

  • La trágica muerte de una voleibolista, pone en tela de juicio nuestra propia manera de criar a nuestros hijos:

nosotros es famoso el dicho: “Del fulbito al fullvaso”. Pues bien, esta pésima combinación, de deporte más alcohol, cobró la vida de una joven voleibolista en Lima y puso al descubierto la vida desordenada de nuestros deportistas que no entienden, que el deporte requiere de mucha disciplina, incluso a la hora de divertirse.
Alexandra Chocano Ríos, una destacada deportista, campeona del seleccionado peruano en el Sudamericano de Vóley Infantil 2014, premiada por el Congreso de la República en ese mismo año, falleció a los 16 años, en circunstancias que son aún materia de investigación; y, qué coincidencia, en este lamentable caso de juerga, alcohol y sexo, que termina en tragedia, estaría también involucrado el actual seleccionado nacional de fútbol, Jordy Reyna.
Una noche de diversión en la madrugada del 19 de noviembre pasado, terminó en un hecho mortal que arrebató la vida de esta bella deportista provinciana que, como todo joven que migra del interior, tentaba mejor suerte en la gran capital. Alexandra vivía con una tía, lejos de sus padres y su pasión por el deporte lo descubrió desde niña; lamentablemente, se dejó llevar por su círculo de amigos, y por querer pasar un momento de diversión, como todo joven, encontró la muerte.
El caso lamentable de esta joven, es un claro indicativo del proceso muchas veces acelerado que viven los adolescentes de hoy en día; como me dijo un joven estudiante cierto día: “Profe, el placer por la vida, tiene que ser a full vacilón, sin ningún sentimiento de culpabilidad, y que, si en ese proyecto por pasársela bien, se hace necesario el alcohol, las drogas y el sexo rápido, bienvenido, lo importante es vivir la vida a plenitud sin límites ¿entiendes?”.
Se hace urgente entre nosotros los padres, replantear viejos temas que pareciera que ya han pasado de moda, y que, por pecar de progenitores muy modernos, a veces, nuestra crianza anda a la deriva. El control, las normas de casa, por poner dos ejemplos, tiene que volverse a activar para que no pecar de muy confiados con respecto a la salida de nuestros hijos, y lamentemos después, cuando la tragedia nos sorprenda.
El caso de la voleibolista Alexandra, tuvo una desventaja notable, no vivía con sus padres; prácticamente, de una manera prematura, se había independizado. Esa autonomía, es saludable hasta cierto nivel; sin embargo, no hay que ir a los extremos y prácticamente cometer el error de abandonar a nuestros hijos menores y lamentarnos después cuando ellos no hacen uso adecuado de su propia libertad.
Mientras los hijos vivan bajo un techo y a cargo de sus padres o tutores, es importante dejar en claro, que no vivirán como les dé la gana, incluso con los que tengan mayoría de edad. Se les puede entregar la llave de la puerta principal, para que entren sin “molestar”, pero eso que no signifique, licencie para que lleguen a la hora que les dé la gana y cómo les dé la gana.
Cuando nuestros hijos ya crecen, lo digo por experiencia, se hace difícil prohibirles que vayan a las fiestas o se tomen unos tragos, más aún si nosotros los padres no damos buenos ejemplos de autocontrol frente al alcohol. La juventud casi en general, adora ir a una fiesta con sus amigos y los amigos de sus amigos. Es importante ese nivel de socialización, pero, siempre dejando en claro los límites. Yo siempre predico, que una fiesta de adolescentes, debería de ser: “cero-alcohol, cero-drogas, cero-sexo”.
Parece muy cucufata mi propuesta, pero es el reto que planteo a mis alumnos adolescentes de 12, 14 y 16 años. Cuando tienen la mayoría de edad, 18 años, pareciera que se hace difícil mi propuesta, porque con su DNI azulito tengo la impresión, que la misma sociedad y también la familia, se vuelven muy permisivas.
Narra la Biblia, que cuando Jesús de Nazaret cumplió los doce años, se había perdido en el templo, y sus padres sintieron desesperación y desconcierto por las iniciativas prematuras del joven agrandado (leer Lucas 2, 41-52). Pedimos a santa María y a san José, nos iluminen a los padres de hoy, para que tomemos las decisiones adecuadas en el momento adecuado con respecto al cuidado de nuestros hijos. El mundo de hoy es muy laxo y ha pervertido las sanas costumbres y normas de convivencia familiar; se hace urgente un control como en los viejos tiempos.
Descanso eterno a Alexandra y que su muerte, nos dé una clarinada de alarma a todos los padres, para replantear nuestros estilos de crianza donde no se abdique, de ninguna manera, de un serio control sobre nuestros hijos en la prevención de situaciones de riesgo. Amén.