Por: José Álvarez Alonso

 

Los dirigentes del Pueblo Maijuna, junto con los de sus aliados los Kichwa del río Napo, viajaron en estos días desde sus remotas comunidades en el noreste de Loreto a la nublada Lima para gestionar la aprobación de su área de conservación regional. Y lo consiguieron: por fin salió publicado el Decreto Supremo 008-2015-MINAM que crea el Área Conservación Regional Maijuna Kichwa.
Ha sido la culminación de un largo proceso (casi diez años), que comenzó cuando un grupo de dirigentes se acercó a conversar con quienes trabajábamos en un proyecto de apoyo a la creación y gestión de áreas protegidas en Loreto. Habían oído hablar de que este proyecto apoyaba a comunidades a manejar sus recursos naturales, y querían conocer más. Les explicamos en qué consistía el modelo y dijeron: “Eso queremos para nuestro pueblo, pero queremos ver con nuestros propios ojos.”
Un grupo de ellos viajaron unos días a conocer la forma de trabajo de las comunidades del río Tahuayo, beneficiarias del recientemente creada Área de Conservación Regional Tamshiyacu-Tahuayo, y volvieron aún más convencidos de que ese es el modelo que querían para sus comunidades. Como tantas otras comunidades amazónicas embarcadas en la vorágine extractivista que asola la Amazonía desde la época del caucho, los Maijunas habían visto salir de sus bosques, cochas y quebradas los recursos para enriquecer a otros mientras ellos permanecían en la miseria, y cada vez tenían menos recursos de subsistencia.
En el Tahuayo vieron a comunidades que controlaban sus territorios de depredadores foráneos y manejaban sus recursos de fauna y flora de acuerdo con reglas sencillas de uso establecidas por ellos mismos, aunque con apoyo del Estado. La abundancia de pescado y de animales del monte impresionó mucho a los Maijunas, que ya no conocían esa abundancia más que por los relatos de los más ancianos. Aún conservo la foto que se sacaron en un bote lleno de tucunarés, cuando fueron con los pobladores de la comunidad de El Chino a pescar a una de sus cochas. Algunos comentaron que querían irse a vivir ahí.
Cuatro comunidades, que en conjunto suman poco más de 500 habitantes, son lo que queda del pueblo Maijuna, que apenas hace dos siglos poblaban las áreas interfluviales entre los ríos Napo y Putumayo, junto con sus parientes los Secoya o Aido Pai.
Falta mucho camino por recorrer para que los Maijuna alcancen siquiera un estadío aceptable del ansiado desarrollo sostenible. Una de las últimas veces que visité una de sus comunidades traje de vuelta una malaria falcíparum que me dejó exhausto por semanas. Las enfermedades transmisibles, la desnutrición crónica, el bajo nivel de los servicios de salud y educación, y la pobreza monetaria son solo algunos de los retos con los que se enfrentan los Maijuna.
La última vez que visité una de las comunidades Maijuna.