Los males que aquejan a nuestra sociedad no son hechos aislados y nos han caído del cielo como una maldición, quizá este argumento podría ajustarse a ciertas creencias, pero eso no es el tema. Sucede que ha llegado el momento de hablar claro sobre diversos temas que se ligan unas a otras.

Así tenemos que la corrupción que evidencian nuestras autoridades es como la “madre de todas las enfermedades”. En ese sentido podemos decir que la corrupción favorece a la inseguridad ciudadana, sobre todo entre los jóvenes desesperanzados frente a denuncias de fraude a los recursos del Estado por intereses personales, cuando esos presupuestos tienen que ser utilizados en bien de las comunidad.

Cuántas veces hemos escuchado decir a ciertos jóvenes que “todo está podrido”, que los políticos solo piensan en sus intereses personales, o que el dinero de los diversos niveles del gobierno solo sirve para saciar los apetitos de grandeza económica mal habida de buen número de gobernantes.

Y les damos la razón más aún cuando se comprueban hechos graves de corrupción, y entonces esta juventud que no analiza más, que se confunde, que transforma sus ideas positivas hacia lo negativo, sale a las calles a cometer fechorías y se convierten en los asaltantes “de a pie”, en los ladrones de “ropa misia”, no, ellos no son los de “cuello y corbata”.

Nada justifica ninguna de las actitudes negativas que se producen y que afectan a muchos inocentes, pero es importante dar esta otra visión, un ángulo más del análisis del problema, y que miremos bien a nuestro alrededor de cómo se degrada nuestra sociedad que nos alarma, que nos preocupa, y que una de las formas de combatirla también es dando ejemplos positivos, y como adultos tenemos una gran responsabilidad.