Cuando Barack Obama, presidente de los United States of America, designó a Jim Yong Kim, un médico y antropólogo coreano nacionalizado estadounidense, lo hizo sabiendo que no estaba confiando ciento treinta mil millones de dólares a un financista ni a un político de los muchos que abundan en el mundo, sino a un profesional del desarrollo.
Ese trabajo lo había hecho tiempo atrás en diferentes partes de América Latina, Asia y África. Donde nace la leyenda de Yong Kim es en Perú, por los años noventa en las afueras de Carabayllo, donde están los limeños de extrema pobreza. El hoy presidente del Banco Mundial, era, por ese entonces, un médico que junto a otros colegas se dedicaba  a solucionar los problemas de salud de las personas de más escasos recursos, lo marginados de la sociedad, aquellas personas estigmatizadas por la tuberculosis que habían hecho resistencia a las medicinas tradicionales de la época. El tratamiento para cada uno ascendía a quince mil dólares y ¿para qué? Qué se ganaría con eso. Lo que hizo fue ponerse en contacto con un filántropo de Boston, quien proporcionó los nuevos fármacos. El resultado no pudo ser mejor. Logró la curación del ochenta por ciento de los infectados, mucho mejor que en los mejores hospitales del primer  mundo. Yong Kim había demostrado que era solo cuestión de ideas firmes y ponerlas en marcha para solucionar un tremendo problema, por eso la OMS tomó la iniciativa y, desde entonces, los precios de las medicinas para la TBC bajaron de precio.
En manos de este personaje está el Banco Mundial que realiza en nuestro país, desde hoy, su reunión anual juntamente con Christine Legarde, directora del Fondo Monetario Internacional y delegados de 188 países.
Esta magna cita será motivo para que Perú exponga, ante estos organismos, lo que viene haciendo en lo que se refiere a su crecimiento económico y política social, que se refleja en la presencia del Estado con sus programas de gobierno, incidiendo especialmente contra la extrema pobreza en los sectores marginales, a donde es difícil llegar, a los que están dirigidos los mejores esfuerzos.
¿Hasta dónde estamos bien, al menos en cifras? Ya lo sabremos, cuando aparezcan gráficos con resultados del Producto Bruto Interno y del ingreso per cápita de los peruanos, hasta qué punto hemos avanzado o retrocedido en el tiempo. En todo caso, aprovechando su visita, esperemos que el doctor Jim Yong Kim, nos deje una receta para curar nuestros males.