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	<title>Diario de Noticias y Actualidad de Loreto - Iquitos - Ucayali - Requena - Datem del Marañon - Mariscal Ramon Castilla - Alto Amazonas - Loreto - Maynas - El Diario Judicial de Loreto &#187; JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO</title>
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		<title>DE PROFESIÓN LENGUASAPA</title>
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		<pubDate>Wed, 23 May 2012 06:57:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>

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		<description><![CDATA[José Álvarez Alonso Lo conocí por casualidad en una de las tantas comunidades indígenas que he visitado en las tres décadas que llevo en Loreto. Me había alojado en casa de su hermano, un laborioso y respetado dirigente de la zona, y éste me habló de su locuaz pariente, que vivía en una casa vecina [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p>José Álvarez Alonso</p>
<p>Lo conocí por casualidad en una de las tantas comunidades indígenas que he visitado en las tres décadas que llevo en Loreto. Me había alojado en casa de su hermano, un laborioso y respetado dirigente de la zona, y éste me habló de su locuaz pariente, que vivía en una casa vecina asaz extraña para las típicas moradas de Loreto: una construcción de dos pisos con paredes de marona (bambú).</p>
<p>“No sé qué hacer con mi hermano. Es un haragán vividor, varias veces lo he tenido que sacar de apuros con mi plata, hasta de la cárcel, toda su vida se ha dedicado a estafar y engañar a la gente. En los últimos años encontró una nueva modalidad de trabajo: se hizo predicador ‘pentecosho’, y ahí está. Esa mujer con la que está ahora es la quinta o la sexta, para cambiando de comunidad cada pocos meses, engatusa a la gente con su ‘naca naca’, seduce a alguna mujer, y se larga robándola, hasta que se harta de ella”…</p>
<p>Todos conocemos a alguno o hemos oído contar sus “hazañas”; en todas partes uno se tropieza con esos personajes que han hecho de su lengua el instrumento de trabajo (o de ‘mauleo’), bien sea vendiendo sebo de culebra con la Santa Biblia en la mano –predicadores de medio pelo- o con la Constitución y su saco de promesas incumplibles –políticos del otro medio-, bien sea con un micrófono, o a pelo en las calles,contando historias de falsa necesidad u oportuno apoyo político,seduciendo a incautos para diversos y con frecuencia torvos fines.</p>
<p>No dejo de sorprenderme hasta dónde puede llevar la naca-naca, la sin hueso, ese inefable órgano humano capaz de modular sonidos al tiempo que mezclar la comida en la boca, y que nos distingue a los bípedos implumes, como una vez definió un filósofo griego al hombre,de la mayoría de los animales. Personas que sin una especial habilidad para manejar ese novísimo órgano no hubiesen pasado de guardianes nocturnos o de chaucheros,llegan a ocupar puestos increíbles, tanto en el sector público como el privado.</p>
<p>Gentes que no tienen mayor mérito que el hábil manejo de la palabra, y con otras limitadísimas cualidades humanas, intelectuales y morales, y con frecuencia adornadoscon kilométricos rabos de paja –prontuario más que currículum-, brillan y lideran como si fuesen grandes personas, y hacen creer a quienes les rodean que valen más que ellos. Y todo por la adoración, el embelesamiento, la fascinación que el verbo florido produce en el respetable.</p>
<p>Pero escúchenlos cómo hablan, qué peroratas sobre los valores cívicos, la responsabilidad, la honestidad, la vocación de servicio… Luego escuchas a alguien que lo conoce: “Pero si ese de ahí es tremendo pendejo, ha hecho tal o cual, debería estar en la cárcel…” La palabra aguanta todo.</p>
<p>Esto no es nuevo, por supuesto; a lo largo de la Historia el uso de la palabra fue uno atributos más valorados en las sociedades humanas. Demóstenes fascinó con su verbo a los electores en la Grecia clásica, la primera democracia formal del planeta –con esclavos incluidos-, y lo mismo hizo Lincoln, que por cierto ascendió a presidente desde el humilde oficio de leñador. Pero ambos, y con ellos muchos otros famosos oradores a lo largo de la historia, tuvieron también grandes cualidades de estadistas para llegar donde llegaron, cosa que pongo en seria duda para el caso de muchos ‘lenguasapas’locales que hoy nos atosigan con sus excesos verbales.</p>
<p>Porque entre nuestros‘lenguasapas’ marca Perútenemos desde presidentes-incluido el innombrable, famoso no sólo por su ego colosal, sino por su proverbial incontinencia verbal- hasta predicadores de diversas clases y colores–pentecoshos, especialmente-, pasando por periodistas, políticos de diverso nivel y cualidad(por supuesto), dirigentes sindicales, agrarios o de otros gremios, y homúnculos varios en diversos puestitos de poder. Por algo Confucio, dicen que el hombre más sabio que madre alguna ha parido, firmaba que “un hombre de virtuosas palabras no es siempre un hombre virtuoso”. Dos mil años más tarde, Ted Cook diría algo más agresivo: “Cuanto más estrecha la mente, más grande la boca”. Que nos conduce al proverbio: “el pez por la boca muere”.</p>
<p>Realmente es increíble la fascinación que producen en la gente el verbo -con frecuencia vacío-, el mensaje trillado y lleno de lugares comunes, de absurdos y de estupideces sin nombre. Porque la mayor parte de los ‘lenguasapas’ no tienen más que eso, verbo, sin nada de contenido. Hablan por hablar, y no aportan nada a la sociedad, más allá de entretener a los ingenuos. A ellos se aplica lo que dijo Steinbeck: “El hombre es el único animal que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir”. O como solía decir un anciano y sabio profesor que tuve en mi juventud, cuando alguien hablaba sandeces: “Qué extraordinaria oportunidad ha perdido usted de permanecer callado”. Goethe, más sabio aún si cabe, también afirmaba: “Se tiende a poner palabras allí donde faltan ideas”.</p>
<p>Definitivamente, si les quitasena esos profesionales de la lengua las dos piernas, o los brazos, o se quedasen ciegos, podrían igual seguir detentando las piltrafas del poder o usufructuando las migajas que caen de su mesa; pero si les faltase la lengua no serían nada.</p>
<p>Claro que también hay algunos vividores de la pluma, no muchos, por cierto, que en esta torturada tierra hasta entre los intelectuales abundan los ágrafos. Y no me refiero a quienes dignamente han elegido la sufrida profesión de escritores, sino a quienes venden al mejor postor sus ripiosos panegíricos. Hay por ahí algunos prontuariados(con historial de depredación, ratería, vicio y demás) que intentan sin mucho éxito,o bien alabar a algún huérfano de méritos, o bien insultar –por resentimiento o por encargo- a los que califican de ambientalistas o de otros horrendos crímenes, a cuatro lucas la pieza&#8230;</p>
<p>Termino mis citas con una que me gusta mucho, de Thomas S. Eliot: “Bendito el hombre que no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrárnoslo con sus palabras”.</p>
<p>Amén, cállense, por favor, lenguasapas (y mira quién habla, dirá alguno…).</p>
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		<title>YARINA ISLA</title>
		<link>http://diariolaregion.com/web/2012/05/18/yarina-isla/</link>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 07:27:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>

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		<description><![CDATA[José Álvarez Alonso Yarina Isla es una linda y ordenada comunidad a orillas del Napo. Más precisamente, ‘en medio del Napo’, pues en el lado oriental de una enorme isla fluvial, tan grande que tiene sus propias cochas y caños. Hace como un mes observé de lejos la comunidad inundada, pero no pude parar. Ahora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p>José Álvarez Alonso</p>
<p>Yarina Isla es una linda y ordenada comunidad a orillas del Napo. Más precisamente, ‘en medio del Napo’, pues en el lado oriental de una enorme isla fluvial, tan grande que tiene sus propias cochas y caños. Hace como un mes observé de lejos la comunidad inundada, pero no pude parar. Ahora que las aguas ya han comenzado a bajar llegué con el temor de encontrar a una comunidad abrumada por los impactos de la extrema creciente, la peor en 25 años: los medios de comunicación nos han inundado de noticias catastrofistas, de caras llorosas y escenas dramáticas de familias que supuestamente “lo han perdido todo”.</p>
<p>Qué equivocado estaba. La gente de Yarina Isla nos recibió cálidamente, y en los días que estuvimos ahí no escuchamos ni una queja, ni un reclamo, ni un pedido de ayuda más allá de apoyarlos con sus proyectos educativos y de ecoturismo. Comprobamos más bien que su vida seguía casi normal, aunque obviamente la inundación tuvo sus impactos: sus platanales estaban mortecinos, algunos frutales de altura habían sucumbido a las aguas (palta y zapote, principalmente), y las clases se habían suspendido temporalmente porque el agua cubrió con 20 cm. el piso del colegio. Los caminos estaban comenzando a secarse y en unos días se iban a reiniciar las clases.</p>
<p>Pregunté si no faltaba comida. Me dijeron que no: “Hay pescado, y todavía tenemos algo de plátano, algunos se han salvado. Además, todas las familias han guardado masa de yuca, algunos en panero, otros la han enterrado. Así dura varios meses, hasta que salga la yuca nueva”. Y me explicaron en detalle cómo se preparaba la masa de yuca: se hace pudrir a las yucas en agua, como para hacer fariña, y luego se machacan como si fuesen a hacer masato. De ahí se envuelve la masa en hojas de bijao o plátano, y se la mete en un hueco bajo tierra, para que la cubra el agua; algunos también la ponen en paneros bien envuelta en varias capas de hoja.  Luego tienen varias formas de prepararla: fariña, tapioca, cazabe, y algo parecido a una “galleta”, una especie de cazabe tostado que queda crocante como una galleta.</p>
<p>Me aseguraron que tampoco tenían problemas con las enfermedades gastrointestinales y con los parásitos. De hecho, los niños parecían sanos y rozagantes, y bien alimentados. Y descubrí por qué: cada familia tiene sus letrinas; además, toman agua tratada. La empresa Explorama, que opera un albergue en la cercana quebrada Sucusari, les ha apoyado con una miniplanta de tratamiento de agua, con dos tanques elevados y unos filtros semi artesanales: un circuito bien simple hecho de tubos de PVC en el que el agua pasa primero por grava, luego por arena, y luego por carbón vegetal. El agua que sale es límpida y sin sabor, y por supuesto libre de parásitos. A la malaria y al dengue los han hecho correr, me dicen, pidiendo a la Municipalidad de Mazán que fumigue el pueblo apenas comenzó a bajar el agua: y se notó, no había casi zancudos.</p>
<p>Averigüé, como hago en todas las comunidades, sobre los recursos naturales, y en especial sobre la fauna silvestre, seguro de que aprovechando la gran creciente habían restingueado a gusto y se habían despachado hasta la última carachupa. Me sorprendió escuchar que por acuerdo de asamblea se había respetado a los animales refugiados en las restingas de la comunidad.</p>
<p>“Don Pepe, vieses a los añujes, carachupas, majases y panguanas corretear por la restinga, aquisito no más, bien mansitos, hasta don Kelly les sacó foto”, me comentaba feliz doña Ema Pacaya. “Nuestros niños, hasta los más pequeñitos, conocen a los animales y los respetan, nosotros queremos que también nuestros nietos los conozcan. Anda vete a ver a otras comunidades, todititos los han terminado en las restingas, luego no van a tener animales ni para que conozcan. Aquí tuvimos que pararle a una familia que también se había puesto a matar, quisieron molestarse, pero la comunidad se puso firme y ahora los animalitos se están regando otra vez por el monte y van a aumentar”.</p>
<p>Los pobladores de Yarina Isla tienen grandes proyectos para su comunidad. En la asamblea don Kelly habló de su visión para el futuro: “Que nuestros hijos puedan vivir mejor que nosotros, con abundantes  recursos para que aprovechen y conozcan, animales, peces, aves, tortugas, y donde los turistas vengan a disfrutar de la naturaleza.” Con miras a eso, don Kelly tuvo amarrada al canto del caño frente a su casa una charapita (una de las últimas quizás que quedan en el bajo Napo) que quedó varada en un resaque del Napo. La charapita llegó a poner 70 huevos, que colocó amorosamente en una playa artificial, y de los que reventaron unos 45. Los charitos fueron liberados en la hermosa cocha Lorenzo, un paraíso acuático y un regalo para los ojos como pocos he visto en la zona. “Eso queremos hacer también con las taricayas y cupisos, por aquí ponen todavía bastantes”, dijo don Kelly.</p>
<p>Don Aler, por su parte, habló de su sueño de impulsar el ecoturismo. Gracias a un proyecto del IIAP cuentan con un mariposario: aunque algo abollado por la creciente van a recuperar sus mariposas y a ofrecer el atractivo a los turistas que pasan cerca camino de Explornapo. Pero también habla de las trabas legales que tienen: “Estamos organizados para cuidar nuestros recursos, para impulsar algún día el turismo. Pero nos faltan papeles: si alguien quiere talar árboles o entrar a la cocha con un mallón a sacar los paiches, no podemos hacer nada, no tenemos ni un papel que diga que esto es nuestro, que nos autorice a intervenir”.</p>
<p>Es la historia de miles de comunidades amazónicas, cuyos territorios sin titular son pasto de los depredadores ‘de dos patas’. Hay más de 2000 comunidades sin titular en Loreto. Mientras no se reconozcan sus derechos sobre sus territorios y recursos, y se las apoye para manejarlos y darles valor agregado, seguirá la “tragedia de los bienes comunes”, seguirá el saqueo, y se acrecentará la pobreza.</p>
<p>Las comunidades amazónicas, incluyendo las que viven en zonas inundables (donde están los suelos más fértiles y abunda el pescado, por cierto) pueden mejorar su calidad de vida y su economía con un poco de apoyo, incluyendo sistemas de purificación de agua, y mejoras en sus viviendas y escuelas para enfrentar las previsibles inundaciones con dignidad. El Estado debería apoyar iniciativas como la de Yarina Isla, y garantizarles la seguridad de su inversión titulando sus territorios.</p>
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		<title>¿ESTÁ MOLESTO EL AMAZONAS?</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 06:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>

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		<description><![CDATA[Mis amigos indígenas insisten en afirmar que la creciente extrema del Amazonas y sus afluentes tiene sus responsables: “La Yacumama, la Madre del Río, está molesta”, me dicen. He escuchado muchas historias sobre los espíritus protectores de la selva, sobre Yacumamas o Purahuas, y Sachamamas, Shapishicos y Yashingos, y cómo a veces protegen sus dominios [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p>Mis amigos indígenas insisten en afirmar que la creciente extrema del Amazonas y sus afluentes tiene sus responsables: “La Yacumama, la Madre del Río, está molesta”, me dicen. He escuchado muchas historias sobre los espíritus protectores de la selva, sobre Yacumamas o Purahuas, y Sachamamas, Shapishicos y Yashingos, y cómo a veces protegen sus dominios cuando sienten agredidos por el hombre. Ahí están las cochas “bravas”, donde la Yacumama hace oscurecer el día, desata la tormenta y embravece el agua cuando algún irreverente se atreve a hacer pesca o a talar los árboles de la orilla. Yo mismo he sido testigo de algunas anécdotas en relación con estas creencias.</p>
<p>Si cada cocha, quebrada o río tiene su ‘madre’ en el imaginario amazónico, y es poderosa, la madre del Amazonas, el Padre de Todos los Ríos, debe ser algo imponente, monstruoso. Y su furia incontenible se debería manifestar en proporción. ¿Tendrán razón mis amigos indígenas? El Amazonas ha hecho aspavientos varias veces en años recientes, y ha mostrado alteraciones inexplicables en su ciclo hidrológico, incluyendo las grades sequías de los años 2005 y 2010, intercaladas con crecientes cada vez más pronunciadas, hasta superar el máximo histórico el presente año.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Los hombres han maltratado al río, lo han contaminado con petróleo, mercurio, han talado sus bosques, exterminado sus peces, charapas, lagartos, por eso la Yacumama, la Madre del Río, está molesta y se sacude”, afirman los sabios indígenas, recalcando que ellos siguen haciendo lo que han hecho por siglos sin molestar a las madres del bosque y del agua (cazando, pescando, haciendo sus chacritas), por lo que los culpables están en otro lado. Sospecho que los indígenas no andan muy errados.</p>
<p>Curiosamente, la ciencia viene a dar la razón en cierto modo a los indígenas: la deforestación tiene mucho que ver con las crecientes y las vaciantes extremas. Claro que hay que añadir otra causa humana a las mencionadas por los sabios indígenas: el tan mentado calentamiento global, causado por la emisión salvaje a la atmósfera de gases de efecto invernadero. Parte de estos provienen de la quema de combustibles fósiles, y otra parte de la quema de los bosques, por lo que al final volvemos a las mismas: es el hombre el que está causando los desastres climáticos que están asolando la Amazonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien ha estado en el cauce de una quebrada en pleno bosque primario durante una lluvia intensa, y luego en una quebrada en un área deforestada, puede notar una dramática diferencia: donde hay bosque intacto puede estar lloviendo torrencialmente por horas y el nivel del agua crece muy lentamente, para luego bajar también lentamente, demorando a veces semanas; en cambio, donde el bosque ha sido arrasado, en pocos minutos la quebrada se hincha, se llena de barro, y arrasa con todo, para luego de unas horas, quedar de nuevo casi al nivel que estaba. El bosque actúa como una esponja: el follaje, las raíces y el mantillo vegetal protegen el suelo de la erosión y ayudan a absorber el agua y a infiltrarla en el subsuelo, llenando los acuíferos.</p>
<p>Los habitantes de la ceja de selva conocen muy bien esto: los huaycos y las crecientes catastróficas se producen en las cuencas donde las laderas y cuencas altas han sido taladas, al tiempo que se quedan sin agua en verano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son casi 10 millones de hectáreas de bosques arrasadas por la mano del hombre en las vertientes orientales de los Andes peruanos, y otro tanto probablemente, o más, en las cabeceras de los ríos en países vecinos. Es bastante razonable juzgar que sin esa deforestación salvaje los amazónicos no hubiésemos sufrido las sequías extremas que hemos sufrido en el 2005 y el 2010, ni estaríamos sufriendo las crecientes extremas que hoy destruyen las esperanzas de decenas de miles de personas.</p>
<p>Hace ya más de 30 años, Alwyn Gentry y José López Parodi publicaron en la prestigiosa revista Science (*) un artículo en el que atribuían a las cada vez más pronunciadas crecientes a la colmatación del cauce del Amazonas y sus afluentes por efecto de la deforestación en el piedemonte andino. ¿Qué dirían hoy estos dos sabios, ya desaparecidos, si supiesen que sus predicciones de crecientes y vaciantes cada vez más pronunciadas se han cumplido, y que, contrario a lo que contestaron algunos críticos, el incremento de las crecientes no se puede explicar simplemente por una variación cíclica más larga?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué hacer en la selva baja, si los que más sufren las inundaciones no son los causantes del cambio climático, ni de la deforestación en las laderas de los Andes? Primero, adaptarnos: sabemos que estos desastres van a seguir repitiéndose, y probablemente con más fuerza en las próximas décadas. Los barrios citadinos en zonas inundables de Iquitos deben ser reubicados en tierras no inundables previa y debidamente urbanizadas). En segundo lugar, recuperar tecnologías indígenas de manejo de áreas inundables y preservación de alimentos para las épocas de creciente. Y en tercer lugar, coordinar con los gobiernos regionales que tienen Ceja de Selva y con el Gobierno Nacional para que de una vez por todas se enfrente el problema de la deforestación en cabeceras de cuenca, tan maligna como la minería ilegal.</p>
<p>Debemos proteger los bosques amazónicos, y especialmente los de las cabeceras de los ríos, como una salvaguarda y una barrera frente a las amenazas del cambio climático y, quién sabe, de las iras de la poderosa Purahua del Amazonas y sus consortes los ríos tributarios, que se mostrarían más amables con los humanos.</p>
<p><em>  </em><em>(**) Gentry, A.H. &amp; Lopez-Parodi, J. 1980. Deforestation and increased flooding of the upper Amazon. Science 210: 1354-1356.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La boa negra y el perrito poroto</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 06:05:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>
		<category><![CDATA[La boa negra y el perrito poroto]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: José Álvarez Alonso Era a fines de los años 80. El gran naturalista Pekka Soini vivía casi como un anacoreta en la estación biológica Cahuana, en el curso medio del Pacaya, al lado de la hermosa tipishca de Cahuana. Estaba dedicado a investigar la fauna silvestre y a experimentar con la incubación de huevos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p><strong><em>Por: José Álvarez Alonso</em></strong></p>
<p>Era a fines de los años 80. El gran naturalista Pekka Soini vivía casi como un anacoreta en la estación biológica Cahuana, en el curso medio del Pacaya, al lado de la hermosa tipishca de Cahuana. Estaba dedicado a investigar la fauna silvestre y a experimentar con la incubación de huevos de charapa y taricaya en playas artificiales. Lo acompañaba su perrito chusco Poroto y, por temporadas, su esposa en ese tiempo, María.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pekka era vegetariano, no porque no le gustase la carne, sino por una cuestión de principios: no quería matar animales. Y por no matar, creo que ni zancudo mataba, porque jamás he visto un sitio con más zancudo que en Cahuana. &#8220;Solo como huihuano huiwo&#8221;, comentaba risueño Pekka cuando le molestábamos al verle sacar sus fiambres de granos y menestras…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo que esa noche acomodé mi mosquitero en el pasillo al lado del laboratorio-oficina, ya que el único dormitorio de la estaba ocupado por Pekka y María; de madrugada me desperté sorprendido de escuchar un sonido como de motor fuera de borda; me resultó muy extraño, porque el lugar es muy alejado (no hay poblaciones en el Pacaya, salvo los puestos de vigilancia de la reserva), y además los guardaparques usaban peque peques. Agucé el oído y entonces me di cuenta de que no era un motor: era el sonido que hacían los miles de zancudos pugnando por entrar al mosquitero a acabar con mi sangre. En la mañana encontré la prueba de sus operaciones nocturnas, pues un brazo que topó con el mosquitero quedó como coladera por las picaduras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conversando con Pekka sobre sus experiencias en ese lejano puesto, me enteré de una historia increíble: durante la creciente del año anterior, que había sido muy pronunciada, el agua casi llegó a cubrir el piso de la estación. Tenían un caminito de tabla que comunicaba el porche con la balsa donde estaban atracadas las canoas. Una noche Pekka escuchó un débil aullido seguido de un chapoteo. Se acordó de su perrito Poroto y salió a llamarlo. Nada, silencio total. Entonces temió lo peor: la anaconda lo podía haber arrastrado al agua. Ya habían desaparecido varios patos que criaba (no para comerlos, sino para aprovechar sus huevos). Entró entonces por la linterna y alumbró a las oscuras aguas a los costados de la pasarela de tabla: y ahí estaba enroscada, como a un metro de profundidad, una enorme boa negra, hecha una bola en torno al pobre Poroto. No se veía asomar más que una pata y el rabo por entre los anillos del animal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La proverbial mansedumbre de que hacía gala Pekka desapareció ante el peligro de su querido Poroto: agarró un machete y se lanzó al agua a picar a la boa para que soltase a su querida mascota. Habría que escuchar a Pekka contar la historia, que no fue breve, pues la boa no tenía menos de cinco metros y tenía la cabeza bien protegida entre los anillos. Contaba cómo cómo el la picaba, macheteaba, pateaba más y más fuerte, y el machete rebotaba en la gruesa piel del animal. Luego de largos minutos, parece que el monstruo tuvo suficiente: comenzó a aflojar los anillos y, por fin, soltó al perro y se alejó hacia las profundidades del río. Pekka sacó a Poroto del agua hecho un trapo, parecía muerto, aunque en realidad estaba desmayado; lo puso sobre la balsa y le hizo todo tipo de masajes, hasta respiración boca a boca. Y volvió en sí, para felicidad de su dueño. Increíblemente no tenía ni un hueso roto, pero sí su espíritu perruno quedó marcado de por vida…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando yo conocí a Poroto era un perro cariñoso y juguetón, pero tenía un tic: nunca se separaba ya ni tres metros de su dueño. Pekka me contó que especialmente era cuidadoso para ir a tomar agua al puerto: ni de vainas iba solo, podía estar muriéndose de sed, pero esperaba a que Pekka lo acompañase. Por si acaso… No por gusto reza el viejo proverbio: &#8220;Gato escaldado del agua fría huye&#8221;; parafraseando, &#8220;perro mordido por boa, de la orilla del río huye&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las anacondas, conocidas en Loreto como &#8220;boas negras&#8221; o &#8220;boas amarillas&#8221; (en realidad, dos formas de la misma especie, Eunectes murinus) hacen su agosto en abril y mayo, durante la creciente, y especialmente si esta es excepcional como este año. Se acercan por el agua a los troncos y bolas de tierra donde se refugian los animales huyendo del agua, y los sorprenden fácilmente, como al pobre Poroto y otros animales domésticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo mismo fui testigo de un ataque de una boa, y fue precisamente en el PV 1 (Puesto de Vigilancia) en la boca del río Pacaya. Era febrero, la creciente era fuerte, y el puesto estaba rodeado de agua; apenas quedaba una lengua de tierra que salía hacia debajo de la casa hacia un costado, donde se amontonaba una decena de gallinas que los guardaparques cuidaban para &#8220;mejoramiento de rancho&#8221;. Estábamos conversando animadamente cuando se escuchó como un grito ahogado. Un guardaparque entonces dijo: &#8220;¡P. madre, otra vez la boa!&#8221; Salimos todos corriendo detrás de él. Después de un rápido recuento confirmaron que faltaba el gallo. Las gallinas se habían refugiado espantadas debajo del piso del puesto. Buscamos por largo rato en la tahuampa por donde se había escuchado el grito. Nada, no hubo forma. La sabida boa se lo levantó y arrastró impunemente por debajo del agua hacia el río. Contaron entonces que era la tercera o cuarta ave que se llevaba el animal. No sé si habrán sobrevivido las demás gallinas en los meses subsiguientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En estos tiempos de inundaciones las familias ribereñas de las zonas inundables se las ingenian para armar balsas flotantes para cuidar a sus animalitos, especialmente gallinas y patos. Excepcionalmente algunos chanchos y ovejas (conocidas en Loreto como &#8220;carneros&#8221;). El P. Miguel Ángel Cadenas informa en uno de sus ilustrativas crónicas (escritas desde las comunidades alagadas del Marañón) sobre las grandes pérdidas que están sufriendo las familias entre sus animales domésticos, quizás uno de los pocos &#8220;ahorros&#8221; con que cuentan muchos ribereños para afrontar una emergencia. También hemos visto las fotos enviadas, donde se observa algunas las balsitas con las gallinas picoteando lo poco que les puedan dar de sus magras reservas de alimentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo que deben tener en cuenta los proyectos de desarrollo que buscan mejorar las condiciones de vida de las poblaciones ribereñas: sistemas de crianza de aves de corral que prevengan las dañinas pestes y den seguridad a los animales domésticos en tiempos de creciente. Si bien no se pueden evitar las crecientes, sí hay que saber adaptarse a ellas.</p>
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		<title>EL MOTELO EQUILIBRISTA Y LAS ÚLTIMAS RESTINGAS</title>
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		<pubDate>Fri, 04 May 2012 06:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>
		<category><![CDATA[EL MOTELO EQUILIBRISTA Y LAS ÚLTIMAS RESTINGAS]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: José Álvarez Alonso Era a mediados de 1986. Ese año hubo una creciente excepcional en Loreto, similar a la del presente año. Las aguas cubrieron por meses incluso las restingas más altas, incluso las que nunca la gente recordaba haber visto &#8216;alagadas&#8217;. Los animales silvestres se apiñaban en las pocas bolas de tierra que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p><strong><em>Por: José Álvarez Alonso</em></strong></p>
<p>Era a mediados de 1986. Ese año hubo una creciente excepcional en Loreto, similar a la del presente año. Las aguas cubrieron por meses incluso las restingas más altas, incluso las que nunca la gente recordaba haber visto &#8216;alagadas&#8217;. Los animales silvestres se apiñaban en las pocas bolas de tierra que quedaron sin cubrir por las aguas en las tahuampas más extensas de las orillas del Amazonas, del Marañón y del Ucayali. Añujes, carachupas, sachavacas, motelos, panguanas, yanayutos, perdices y venados tenían que compartir a veces un pequeño espacio de tierra o un tronco flotante con serpientes de todo tipo y algunos depredadores. Los pobres animales se comían hasta las últimas hojas de los arbustos y las cortezas de los árboles, luchando por sobrevivir. Los añujes, más comedores de semillas y frutos que de hojas, nadaban desesperados de un tronco flotante a otro, o de una bola de tierra a otra, buscando algunos huayos para alimentarse. Las bolas de tierra de los nidos de los curuhinsis, sobresalientes del nivel del suelo, sirvieron de refugio a no pocos animales. Los jaguares y tigrillos nadaban entre restingas buscando animales varados y debilitados por el hambre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la Reserva Nacional Pacaya &#8211; Samiria, donde los animales eran abundantes y las restingas escasas, miles de animales se ahogaron y bajaban hinchados por el río luego de dos meses de creciente. Cuentan los guardaparques que en ocasiones encontraron sachavacas que llevaban metidas en el agua por semanas, con las patas ya casi podridas por el agua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los mitayeros también aprovecharon la creciente, como lo hacen desde tiempos inmemoriales, para &#8220;restinguear&#8221;, internándose en las tahuampas para cazar a los animales amontonados en restingas. En algunos caseríos como Santa Rita de Castilla, en el medio Marañón, donde todo su territorio es tierra inundable, los cazadores aprovecharon para acabar hasta con los últimos añujes. Por un mes o dos, el pueblo estuvo inundado de carne de estos animales, de modo que ya casi nadie quería comer añuje. Otros animales más escasos, como la carachupa del bajo, el venado colorado y la sachavaca, también fueron cazados hasta el exterminio. En muchas otras comunidades de la zona ocurrieron escenas similares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apenas pasada la creciente, un grupo de cazadores del caserío de Bretaña se internó por el bosque en el bajo Pacaya, en la R.N. Pacaya &#8211; Samiria, cruzando por un varadero hacia una cocha interna. En una soga de esas que llaman &#8220;escalera de motelo&#8221;, encontraron precisamente a un pobre motelito que, nadando cuando las aguas estaban altas, se había subido a una parte plana de la soga y estaba esperando qué quizás, temeroso de botarse a la tierra que no podía ver, dada su corta vista. Los cazadores no lo dudaron mucho y lo llevaron con ellos al campamento, seguros de preparar un rico guiso de motelo en su propio casco (sarapatera de motelo, le dicen algunos).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para su disgusto, el animal estaba tan flaco luego de tantos meses de ayuno, que apenas pudieron aprovechar unas piltrafas de carne dura y desabrida. El cazador que me comentó esta historia me confesó que luego lamentaron profundamente haber sacrificado al pobre motelo, probablemente uno de los pocos que se salvó de la creciente en el bajo Pacaya, donde casi no hay restingas, y donde las pocas que no fueron inundadas fueron saqueadas por los cazadores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando pasó la creciente, no hubo animales para repoblar las tahuampas, y por varios años los pobladores de los caseríos ribereños de los grandes ríos no encontraron animales terrestres para cazar. Muchos niños dejaron de comer carne por años por culpa de la excesiva cacería.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este año el escenario es muy similar en el río Marañón. Grocio Gil, jefe de la Reserva Nacional Pacaya-Samiria, me comenta que mientras el año pasado la matanza se produjo en el río Pacaya (el Ucayali fue el que sufrió una creciente excepcional), este año es el Marañón (y su tributario el Samiria) donde los animales están sufriendo la catástrofe. Se dice que son miles los animales ahogados, mientras que los &#8220;tahuamperos&#8221; están haciendo de las suyas en las restingas del interior de la Reserva. La carne de monte está a dos soles el kilo en Nauta, indicador de la abundancia de animales provenientes de la vecina Reserva. En estos últimos años la fauna silvestre se había recuperado bastante en la zona del Samiria y el Yanayacu-Pucate, porque las comunidades organizadas estaban cuidando y manejando el recurso. Ahora los infractores pueden ingresar por cualquier sitio y son incontrolables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las restingas son lugares que funcionan como lugares de refugio y posterior dispersión de la fauna silvestre en épocas de extrema creciente. La cacería indiscriminada de animales provocará sin duda una escasez aguda de animales en los próximos años en las extensas zonas inundables de Loreto, lo que no sólo afectará a las familias que dependen de ese recurso para complementar su ingesta de proteínas, sino a la salud del bosque mismo, porque los animales silvestres cumplen un importante rol como dispersores y predadores de semillas, y como controladores de vegetación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las restingas, bien manejadas por comunidades organizadas, podrían servir como atractivo turístico en tiempos de creciente, pues es relativamente fácil observar en ellas a los animales silvestres, habitualmente muy esquivos en la Amazonía. Hace unos años ganó un concurso nacional un proyecto en esta línea, elaborado según recuerdo por Gonzalo Tello, pero no sabemos que haya sido implementado. Una pena, porque si bien el manejo de las restingas podría traer beneficios tangibles a las comunidades, el desmanejo trae consigo una abundancia efímera y luego largos años de escasez. Una historia triste y demasiado repetida en nuestra saqueada Amazonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>EL ORO, LA PLATA Y EL COBRE CONTRA EL RÍO MARAÑÓN</title>
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		<pubDate>Wed, 02 May 2012 04:54:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>
		<category><![CDATA[EL ORO]]></category>
		<category><![CDATA[LA PLATA Y EL COBRE CONTRA EL RÍO MARAÑÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: José Álvarez Alonso El río Marañón va camino de convertirse en el colector de desechos de la cordillera central de los Andes. Por si fueran pocas las amenazas que representan para este río las actividades mineras, de narcotráfico y petroleras que se desarrollan en territorio peruano (sin olvidar las veinte centrales hidroeléctricas del Proyecto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p><strong><em>Por: José Álvarez Alonso</em></strong></p>
<p>El río Marañón va camino de convertirse en el colector de desechos de la cordillera central de los Andes. Por si fueran pocas las amenazas que representan para este río las actividades mineras, de narcotráfico y petroleras que se desarrollan en territorio peruano (sin olvidar las veinte centrales hidroeléctricas del Proyecto Marañon), ahora se suma una nueva y gigantesca amenaza desde el otro lado de la frontera ecuatoriana: minería a gran escala.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El gobierno de Rafael Correa se había ganado el favor de los ambientalistas ecuatorianos al revocar hace cuatro años más del 80% de las concesiones mineras de este país, y declarado una moratoria hasta que se promulgase una legislación más favorable para el Estado. Ahora que la legislación existe, Ecuador se prepara para convertir la minería en la principal fuente de divisas del país, con el agravante de que ésta tendrá lugar principalmente en cabeceras de cuenca de ríos que drenan hacia territorio peruano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Media docena de proyectos mineros impulsados empresas chinas, coreanas y canadienses colocarán al país entre los grandes productores de oro, plata y cobre del Mundo: solo cinco de los proyectos mineros priorizados por el Gobierno ecuatoriano involucrarán una inversión de unos ocho mil millones de dólares en cuatro años.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La empresa canadiense Kinross Gold planea explotar los depósitos de oro del Proyecto Fruta del Norte, en la provincia de Zamora Chinchipe, al lado de la frontera con Perú. Éste es uno de los descubrimientos más grandes de oro del mundo (6.8 millones de onzas de oro y 9.1 millones de onzas de plata, muy similar a Conga). Otro gran proyecto minero, el Mirador, esta vez impulsado por la empresa china Ecuacorriente, explotará reservas de más de 10 mil millones de libras de cobre. Esta compañía también posee los derechos del proyecto minero de cobre Panantza-San Carlos, cerca de El Mirador. Corea también planea invertir 4 mil millones de dólares en proyectos mineros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A pesar de la oposición de organizaciones indígenas y grupos ecologistas ecuatorianos, el acuerdo inicial con Kinross fue firmado en diciembre del 2011 (con una inversión inicial de 1200 millones) y con Ecuacorriente en marzo del presente año (con una inversión inicial de 1400 millones de dólares). Se trata de minería a gran escala, a cielo abierto, en zonas sumamente frágiles de la Cordillera del Cóndor, provincias de Morona Santiago y Zamora Chinchipe, en torno al Parque Binacional El Cóndor, en las cabeceras de los ríos Santiago, Cenepa y Morona, afluentes del Marañón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los opositores a estos proyectos en Ecuador afirman que mientras las comunidades locales sufrirán los impactos ambientales, los beneficios serán para otros, tal como ha ocurrido en las zonas petroleras, donde persisten altos niveles de pobreza y de contaminación ambiental luego de décadas de explotación de crudo.  Nadie de momento se ha pronunciado en el otro lado de la frontera, en Perú, pese a que será probablemente el más afectado, ya que los desechos y relaves serán arrastrados por las aguas hacia nuestro territorio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es como se impulsase media docena de proyectos Conga, con el agravante de que el ecosistema es todavía más frágil, si cabe, que el de las montañas de Cajamarca: las precipitaciones en la zona superan los 3,000 milímetros al año en promedio, y las pendientes pueden superar en muchas zonas los 60 y 70 grados. Tanto en el lado ecuatoriano como en el lado peruano habitan pueblos indígenas (Shuar en Ecuador, Awajún, Wampís y Shapra, en Perú) que dependen para subsistir en buena medida de los recursos acuáticos y forestales, y de la calidad del agua del río.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace menos de dos años, estudios preliminares realizados por el IIAP demostraron los altos niveles de contaminación con metales pesados de varias especies de peces capturados en lagos del bajo Marañón. La fuente de esta contaminación, no determinada hasta ahora, puede estar relacionada con la actividad petrolera en el Marañón y sus afluentes, con los vertidos de químicos precursores usados por los narcotraficantes para la producción de cocaína (se calcula que son vertidas más de 15,000 toneladas anuales de tales químicos sólo en Perú), y con la minería, tanto formal como informal, en toda la cuenca alta del Marañón. Cabe recordar que hasta ahora sigue operando un número de dragas ilegales en la zona de Saramiriza, dedicadas a la extracción de oro. También la deforestación que desnuda las rocas andinas en las vertientes orientales de los Andes contribuye a incrementar los niveles de metales pesados y otros contaminantes (por ej., aluminio) en los cuerpos de agua amazónicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El incremento de la contaminación con metales de las aguas del Marañón sería catastrófico para las comunidades ribereñas. Mucha gente no tiene otra fuente de agua de consumo que la del Marañón, y la mayor parte de sus alimentos con cultivados en los suelos aluviales regados por el río; sin embargo, el mayor riesgo radica en el alto consumo de pescado de los indígenas y ribereños (hasta más de 100 kg/persona/año en comunidades del Marañón, según un estudio de 1995 de Salvador Tello, del IIAP). También está en riesgo la población de las ciudades como Nauta, Yurimaguas e Iquitos, que consumen mucho pescado proveniente del río Marañón. Como se sabe, la mayoría de los metales pesados (incluyendo el mercurio usado por los mineros ilegales para amalgamar oro) son bioacumulables y pasan al ser humano a través de la cadena trófica (vía el pescado, principalmente).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las fuerzas vivas de la Región Loreto deben tomar conocimiento de estos riesgos y exigir al Gobierno Peruano que tome medidas urgentes a fin de controlar todas las fuentes de contaminación de las aguas del Marañón, y no agrave el problema con proyectos de alto impacto como la construcción de hidroeléctricas. La Cancillería de Perú debería exigir al Gobierno de Ecuador que se cumplan los más altos estándares ambientales en sus operaciones mineras en la frontera, que no son solo de su incumbencia, porque el impacto de la deforestación y remoción de tierras, y los probables vertidos de relaves, los sufrirá más el Perú.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Blogs: pepealvarez.com; pepealvarez.lamula.pe</p>
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		<title>DE PLÁTANOS Y CRECIENTES</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Apr 2012 05:17:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
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		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>
		<category><![CDATA[DE PLÁTANOS Y CRECIENTES]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: José Álvarez Alonso Era a principios de los años 90. Estaba visitando la comunidad de Anguilla, en la quebrada Pavayacu, curso medio del río Tigre. La creciente había acabado ese año con los platanales del Marañón y del Ucayali, y el precio del plátano estaba por las nubes en Iquitos. Las comunidades del Tigre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p><strong><em>Por: José Álvarez Alonso</em></strong></p>
<p>Era a principios de los años 90. Estaba visitando la comunidad de Anguilla, en la quebrada Pavayacu, curso medio del río Tigre. La creciente había acabado ese año con los platanales del Marañón y del Ucayali, y el precio del plátano estaba por las nubes en Iquitos. Las comunidades del Tigre que cultivan plátano en las ricas &#8220;tierras negras&#8221; que hay en algunas zonas de esta cuenca se estaban &#8220;doblando&#8221;: los comerciantes compraban los enormes racimos en la chacra y pagaban por adelantado. La plata corría a raudales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al lado de mi bote, en el puerto de Anguilla, atracó de bajada un comerciante al que había visto surcar el día anterior. Lo conocía de vista, era famoso en la cuenca porque era evangélico, algo no muy común entre los &#8220;regatones&#8221;. Extrañado le pregunté por qué había bajado tan pronto, si se supone iba a estar varios días mercando plátano en la comunidad de más arriba, San Juan de Pavayacu.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8220;Me han botado de la comunidad&#8221;, me contestó. &#8220;Cuando les dije que quería comprar plátano, me dijeron: ¿Traes trago? Como les dije que no, se molestaron y me botaron. No les importó que llevase plata, ropitas, arroz, azúcar, querosene. No querían nada, más que trago.&#8221;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Efectivamente, el trago y la cerveza circularon durante esos meses en enormes cantidades por las comunidades del Tigre donde hay buenas extensiones de tierras negras, como en la quebrada Intuto, la quebrada Sanango (un poco más abajo), y en la comunidad de Santa Elena, en la otra banda del Tigre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estas tierras negras aparecen en planchones distribuidos de forma irregular entre los ríos Tigre, Corrientes y Pastaza, y en realidad son sedimentos volcánicos arrastrados por el río Pastaza en épocas prehistóricas, desde las faldas del volcán Tungurahua, en Ecuador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recomendé a los amigos de las varias comunidades asentadas en la quebrada Pavayacu que aprovechasen las ganancias del plátano para &#8220;capitalizarse&#8221;, comprar cosas útiles para el hogar y herramientas para su trabajo. Pocos me hicieron caso: a los pocos meses que volví por la zona sólo vi un par de peque peques nuevos y alguna que otra motosierra. La mayor parte de la plata terminó en manos de los vendedores de trago. Algo que sucede con frecuencia cuando la plata entra fácil, por ejemplo con la venta de árboles en pie a los madereros. No cabe duda: la educación para el manejo de la economía familiar es también un elemento fundamental para el desarrollo amazónico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acabo de visitar el Napo y he observado el intenso trasiego de plátano que atraviesa el varadero de Mazán con destino a la ciudad de Iquitos. Racimos que usualmente vendían a los comerciantes de Mazán a 3 o 5 soles, ahora les están pagando a 10 y 15 soles, dependiendo del tamaño. Me acordé de lo sucedido en los años 90 en la quebrada Pavayacu. ¿Aprovecharán los amigos Kichwarunas de las comunidades del Napo esta época de bonanza para capitalizarse? Mmmm.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las comunidades asentabas en las riberas de los ríos &#8220;secundarios&#8221;, como Napo, Tigre, Corrientes y Pastaza, saben que cada pocos años se producen crecientes importantes en el Ucayali, Marañón y Amazonas, y el precio del plátano sube por las nubes. Los que son un poco previsores mantienen buenas extensiones de platanales, a sabiendas de que van a vender a precios bastante bajos durante varios años, pero que tarde o temprano vendrá una &#8220;alagación&#8221; en las grandes cuencas productoras de plátano y ganarán buena plata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mantener un platanal en altura es mucho más costoso que en restinga, porque la densidad de los máyiques es mucho menor (debido a la menor fertilidad de los suelos) y la hierba crece más, por lo que los huactapeos deben ser más frecuentes. Además, el plátano en altura solo da una buena cosecha de &#8220;primerales&#8221;, luego una cosecha de racimos menudos, y de ahí tienen que dejar empurmar para que descanse por 10 o 15 años para que sirva de nuevo para plátano. Salvo en las tierras negras de yarinal, que aparecen en algunas quebradas, y por supuesto en las tierras negras volcánicas mencionadas más arriba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay tecnologías para incrementar la producción de plátano en altura y ayudar a remediar la periódica escasez de este producto durante las grandes inundaciones. Una que yo mismo experimenté en mi chacra cuando viví en el Tigre fue el uso del kudzú (Pueraria phaseoloides) como planta de cobertura, leguminosa que mata la hierba y enriquece el suelo con nitrógeno. Los resultados fueron espectaculares: pies de plátano que daban miserables racimos en una tierra cansada y plagada de &#8220;matapasto&#8221;, con el suelo estuvo cubierto por kudzú produjeron de nuevo enormes racimos; conservo alguna foto. El único trabajo que daba la chacra era el de cortar una vez al mes los brotes rebeldes del kudzú para que no cubriesen al plátano. Intenté extender el uso del kudzú en las comunidades del Tigre y el Corrientes, sin mucho éxito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra alternativa es la siembra de variedades que soporten inundación. El único plátano que soporta un tanto las crecientes es el &#8220;sapucho&#8221;, pero  no es muy apreciado por los amazónicos (en la Región San Martín la gente sí se ha acostumbrado a esta variedad). Se dice que hay variedades de plátano que soportan inundación y son muy similares en calidad al plátano &#8220;inguiri&#8221; que consume Loreto. ¿No puede traerlas la Dirección Agraria, para que la gente no sufra su escasez en tiempos de inundación?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Finalmente, también se puede enseñar a la gente a procesar el plátano en hojuelas secadas al sol con sistemas adecuados a la realidad local (secadores solares, por ejemplo) y preservantes naturales que permitan su almacenamiento por largos periodos. En vez de regalar víveres cada vez que viene una gran creciente, hay que enseñar a la gente ribereña a ser autosuficiente.</p>
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		<title>¿MONOCULTIVOS EN EL NANAY? NO, GRACIAS</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Apr 2012 05:04:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>
		<category><![CDATA[GRACIAS]]></category>
		<category><![CDATA[¿MONOCULTIVOS EN EL NANAY? NO]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: José Álvarez Alonso &#160; La Sociedad Peruana de Ecodesarrollo &#8211; SPDE ha denunciado en estos días las pretensiones de una compañía privada de obtener dos concesiones por 20,000 hectáreas para sembrar palma aceitera en la cuenca de la Quebrada Curaca, afluente del Nanay, colindante con el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Allpahuayo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p><strong><em>Por: José Álvarez Alonso</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Sociedad Peruana de Ecodesarrollo &#8211; SPDE ha denunciado en estos días las pretensiones de una compañía privada de obtener dos concesiones por 20,000 hectáreas para sembrar palma aceitera en la cuenca de la Quebrada Curaca, afluente del Nanay, colindante con el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Allpahuayo &#8211; Mishana. Estas concesiones se superponen con bosques primarios y el Bosque de Producción Permanente, que por ley es intangible para actividades agropecuarias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiero aquí añadir algunos argumentos adicionales contra el cultivo extensivo de palma aceitera en la cuenca del Nanay, argumentos utilizados en un documento elaborado por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana en el 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Básicamente, la opinión del IIAP es que los cultivos de palma aceitera sólo deben ser promovidos en áreas deforestadas o intervenidas de aptitud para cultivos en limpio o cultivos permanentes, previa calificación de acuerdo con un proceso de zonificación ecológica y económica de la zona &#8211; ZEE, y previa opinión favorable del MINAM, según establece la legislación vigente. En cualquier caso, y cuando se trate de plantaciones de monocultivos (sea de palma aceitera o de cualquier otro agrocombustible) en grandes extensiones con fines industriales, es indispensable la realización de un estudio de impacto ambiental y social (EIA) que determine claramente la pertinencia del proyecto, con base en la evaluación de los riesgos y amenazas tanto para la biodiversidad y los ecosistemas, como para las comunidades locales, y en caso de que se considere viable socioambientalmente, se establezcan las medidas pertinentes de mitigación de impactos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El IIAP opina que no debe promoverse el cultivo de palma aceitera, bajo ningún concepto, en suelos con aptitud forestal o de protección, con bosques o sin ellos, tal como establece la Ley Forestal y de Fauna Silvestre; mucho menos deben ser promovidos estos cultivos en bosques de producción permanente, en áreas de amortiguamiento de áreas naturales protegidas, en cabeceras de cuenca, y en otras zonas sensibles, como hábitats frágiles o cuencas que abastecen de agua a ciudades. El IIAP ha elaborado un mapa que delimita las áreas aptas para cultivo de palma aceitera en la selva baja, básicamente en zonas intervenidas y sin conflictos ambientales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El IIAP desaconseja enérgicamente la instalación de plantaciones extensivas de palma aceitera en la cuenca del Nanay por las siguientes razones:</p>
<p>-   La cuenca del Nanay es la abastecedora de agua potable para la población de Iquitos y poblaciones aledañas, y cualquier alteración grave de la cobertura vegetal puede poner en riesgo la provisión de este vital elemento, tanto en cantidad como en calidad. Las plantaciones industriales de palma aceitera, además de implicar la tala de grandes extensiones de bosques nativos, requieren de altos insumos de agroquímicos y por tanto implican una grave amenaza de contaminación del agua.</p>
<p>-   Existe una ordenanza regional vigente, del 2003, (Ordenanza Regional Nº 006 &#8211; 2003 CR / RL, &#8220;Declaran la Cuenca del Río Nanay como Zona de Exclusión para Actividades de Extracción Minera y para aquellas que alteren la cobertura vegetal&#8221;), con el propósito precisamente de proteger las fuentes de agua de Iquitos.</p>
<p>-   El área de influencia de la Carretera Iquitos-Nauta fue objeto de un estudio muy detallado y una propuesta de Zonificación Ecológica y Económica por parte del IIAP a fines de los años 90. En esta propuesta se califica a la zona en las que se está planificando sembrar palma como &#8220;área de aptitud forestal y para protección&#8221;; en estas zonas, la legislación vigente prohíbe expresamente las actividades agropecuarias.</p>
<p>-   Las zonas donde se está planificando establecer plantaciones de palma están cubiertas en su totalidad por bosques primarios muy poco alterados, los que apenas han sufrido una mínima extracción selectiva de algunas especies maderables y de fauna silvestre. Es política del Estado Peruano, y un compromiso formal ante la comunidad internacional, proteger los bosques primarios amazónicos, como una medida para reducir las emisiones de carbono y para contribuir a mitigar los impactos del cambio climático.</p>
<p>-   La mayor parte de las zonas donde se está solicitando establecer plantaciones de palma corresponde a colinas bajas fuertemente disectadas, un relieve frágil y proclive a la erosión si es que es retirada la cobertura boscosa, y por tanto no apropiado para cualquier tipo de cultivo.</p>
<p>-   La zona donde se está planificando establecer plantaciones de palma ha sido solicitada por la comunidad campesina de Santa María de Nanay para ser titulada como territorio comunal. El trámite fue iniciado en el año 2002. En todo caso, esta zona es territorio tradicional de esta populosa y antigua comunidad (más de 1000 habitantes, fundada hace más de 250 años), en el que los pobladores realizan sus actividades cotidianas de aprovechamiento de recursos de flora y fauna con fines de subsistencia. La comunidad de Santa María del Nanay tiene, por tanto, un derecho adquirido sobre esta zona y bajo ningún concepto deben ser otorgados derechos sobre la misma zona a terceros.</p>
<p>-   En la cuenca del Nanay y la contigua cuenca del Pucacuro, el IIAP y el SERNANP-Ministerio del Ambiente, están impulsando el establecimiento del corredor biológico &#8220;Nanay-Pucacuro&#8221; que garantice la conservación a largo plazo de la biodiversidad y de los procesos ecológicos esenciales de esta megadiversa región; de establecerse las plantaciones de palma aceitera propuestas en el límite de la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Allpahuayo-Mishana se cortaría totalmente la conectividad de los bosques de esta reserva con el resto de bosques en el corredor: esto impediría el flujo de genes entre poblaciones de animales y plantas silvestres, lo que sometería a la extinción a muchas especies de plantas y animales de esta reserva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como alternativa a la tala de bosques primarios para instalar plantaciones de palma aceitera, el IIAP propone que se promueva este cultivo exclusivamente en áreas intervenidas o deforestadas, para lo cual ha elaborado un mapa donde se delimita estas áreas en la Región Loreto. Para el caso del área de influencia de la Carretera Iquitos &#8211; Nauta, existen decenas de miles de hectáreas deforestadas en los mismos márgenes de la carretera, buena parte de las cuales calificarían para la siembra de palma aceitera; en estas zonas es donde está ya promoviendo su cultivo el Gobierno Regional de Loreto.</p>
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		<title>MARAVILLOSOS VARILLALES</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2012 05:04:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
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		<category><![CDATA[JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: José Álvarez Alonso En estos días en que todo el mundo habla de caibros, vigas y horcones, con tanto puente y tabladillo para enfrentar las inundaciones, quizás pocos saben de dónde vienen y cómo son extraídos estos rectilíneos palos. La mayoría vienen del Nanay, donde la explotación de madera &#8220;redonda&#8221; (a diferencia de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p><strong><em>Por: José Álvarez Alonso</em></strong></p>
<p>En estos días en que todo el mundo habla de caibros, vigas y horcones, con tanto puente y tabladillo para enfrentar las inundaciones, quizás pocos saben de dónde vienen y cómo son extraídos estos rectilíneos palos. La mayoría vienen del Nanay, donde la explotación de madera &#8220;redonda&#8221; (a diferencia de la madera de árboles maduros, o madera de &#8220;aserrío&#8221;) es una actividad tradicional y representa un importante rubro de ingresos para la población.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los palos redondos son de varias calidades. Los mejores son extraídos de los famosos &#8220;varillales&#8221; o bosques sobre arena blanca, que aunque raros en la Amazonía peruana, ocupan una extensión respetable en la cuenca del Nanay (concretamente la margen derecha de la cuenca baja, en la R. N. Allpahuayo-Mishana, y en algunas zonas de la cuenca alta, especialmente en el Pintuyacu y en el alto Nanay).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por razones geológicas las arenas blancas donde crecen los varillales aparecen como parches discontinuos: en realidad son playas &#8216;fósiles&#8217; depositadas hace millones de años por un antiguo río. Son llamados &#8216;varillales&#8217; precisamente porque suelen estar dominados por árboles juveniles, que tienen apariencia de &#8220;varillas&#8221;. El récord mundial de tallos arbóreos por hectárea se encuentra precisamente en un varillal de la Reserva Nacional Allpahuayo-Mishana (más de 8,000 tallos/ha, si mal no recuerdo). Esta característica es la que favorece la explotación comercial para materiales de construcción, algo que no ocurre en otras regiones amazónicas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En estos varillales abunda el famoso &#8220;aceite caspi&#8221; (blanco y negro), una de las mejores maderas redondas para armazón de techos rústicos: mientras se mantenga protegido del agua aguanta décadas sin pudrirse ni ser atacado por la polilla ni el comején. Otras maderas de &#8220;primera&#8221; que abundan en varillales (aunque algunas también crecen en otros suelos pobres) son boa caspi, balata, lagarto caspi, remocaspi, tortuga caspi y quinilla. Debido a la creciente demanda, en los mercados de Iquitos cada vez hay menos aceite caspi y cada vez más &#8220;cualquier caspi&#8221;, palos de segunda y tercera calidad, incluyendo palos de purma como yanavara o huamansamana, o de tahuampa, que no tienen ni la dureza ni mucho menos la resistencia al ataque de los insectos del aceite caspi.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Según han demostrado los recientes estudios del Dr. P. Fine las plantas que viven en los varillales del Nanay, y especialmente el aceite caspi, han desarrollado un extraordinario mecanismo para defenderse del ataque de los insectos herbívoros: producen substancias tóxicas como alcaloides, terpenos y taninos. Estos últimos son los que dan el color oscuro al agua del Nanay, al ser lavados por las lluvias de las hojas secas y palos podridos. Huelga decir que en estos ecosistemas hay montón de especies únicas de plantas y animales, que sólo viven ahí, y entre ellas algunas especies nuevas para la ciencia, incluyendo la famosa Perlita de Iquitos (Polioptila clementsi) y otras más.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me acabo de reencontrar en la comunidad de Diamante Azul, en el alto Nanay, con un antiguo amigo, don Francisco Guevara. En el 2003 tuve la oportunidad de observar cómo aprovechaba los palos redondos de un varillal en la quebrada Paujil, cerca de la comunidad de Alvarenga, la última del Nanay. Luego de cortarlos los pelaba en el lugar con el machete, y los dejaba apoyados en otros palos, para que escurriese la savia y se secasen algo. Pasados unos días comenzaba el transporte hasta el campamento a través de estrechas trochas practicadas en el varillal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el puerto al borde de la quebrada aprovechaba un despejo para solearlos, para que boyasen mejor, y de ahí los llevaba en bote al borde del río, donde armaría la balsa con la que habría de bajarlos hasta Iquitos. Ver armar una balsa de madera redonda es un espectáculo: primero construyen, con vigas y soleras sujetas con sogas del monte, un armazón flotante en cuadrilátero con refuerzos en cruz, para darle firmeza, y luego comienzan a colocar debajo los caibros, que son amarrados en haces de 20 o 30; algunas balsas llegan a transportar hasta 2 y 3,000 palos. Bajar estas balsas al garete también es un arte, por más que el cauce del Nanay sea bastante manso: deben vigilar constantemente y remar con esos enormes remos amarrados a largos palos para que la corriente no arroje la balsa contra una palizada, donde podría quedar atajada, y tendrían que desarmarla y volverla a armar de nuevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esta visita, uno de los visitantes le preguntó a don  Francisco si hacían reforestación para que no se acabasen los palos en los varillales. &#8220;¿Reforestar? No, las madres semilleras del varillal son las que reforestan, botan su semilla, y vaya usted a ver sus plantoncitos como crecen, parece sembrado. Nosotros respetamos los árboles semilleros (las madres), respetamos a sus hijos pequeños (los plantones) y dejamos descansar el varillal luego de aprovechar la madera. Sólo sacamos los árboles bien rectos, los que tienen alguna torcedura o se abren los dejamos crecer para que den semilla. Vuelves luego de 3 o 4 años y ves de nuevo el varillal lleno de maderas.&#8221;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Confirmo a los visitantes que el manejo tradicional de los varillales ha demostrado ser bastante sostenible: muchos de estos bosques han sido explotados intensamente desde hace más de 50 o 60 años, y siguen produciendo buena cantidad de madera. La clave está en el respeto a los árboles semilleros, el respeto a la regeneración natural, y la tala de bajo impacto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto es así que el INRENA hace años aprobó el aprovechamiento comercial de madera redonda en algunos varillales dentro de la Reserva Nacional Allpahuayo &#8211; Mishana, único caso en el Perú (ya que la Ley de Áreas Naturales Protegidas prohíbe expresamente el aprovechamiento comercial de madera). El argumento fue el estado saludable de estos bosques luego de décadas de manejo intensivo. Sin embargo, la industria forestal de Loreto, con todos sus asesores y planes de manejo, ha extirpado las poblaciones comerciales de las especies más valiosas, especialmente cedro y caoba. Deberían aprender de las comunidades a manejar el bosque.</p>
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		<title>DE AFANINGAS Y SHUSHUPES</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Apr 2012 05:52:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Region</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por: José Álvarez Alonso Estaba parado en la orilla del río, cerca de la cocha Liborio, en el alto Tigre, con mi grabadora en ristre y mis binoculares al cuello, estudiando las aves, cuando escuché por encima del barranco un sonido de hojas secas y ramas, como de un animal moviéndose con rapidez hacia el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- google_ad_section_start --><p><strong><em>Por: José Álvarez Alonso</em></strong></p>
<p>Estaba parado en la orilla del río, cerca de la cocha Liborio, en el alto Tigre, con mi grabadora en ristre y mis binoculares al cuello, estudiando las aves, cuando escuché por encima del barranco un sonido de hojas secas y ramas, como de un animal moviéndose con rapidez hacia el río por el suelo del bosque. Me quedé mirando, intrigado por averiguar qué bicho se acercaría. Una lagartija de unos 30 centímetros apareció repentinamente, y al llegar al borde del barranco hizo un giro agilísimo de 90 grados, perdiéndose en la espesura de nuevo. A pocos metros detrás de la lagartija apareció una afaninga enorme, quizás de unos dos o tres metros: al encontrarse frente a mí paró en seco por unos segundos, aparentemente sorprendida por mi presencia, para darse media vuelta y huir por el mismo camino y a similar velocidad con la que vino. Me impresionó la capacidad de esa serpiente de perseguir el rastro de olor de la lagartija a tal velocidad por el bosque (dudo que por la vista pudiese seguirla por la espesura a varios metros de distancia). Esta vez, pensé, la lagartija tuvo suerte, y la afaninga se quedó sin almuerzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las afaningas son quizás las más visibles de las serpientes amazónicas, porque sus métodos de caza activa (a diferencia de las que emboscan desde su escondite a las presas) las hacen fácilmente detectables al ojo humano, y además frecuentan las áreas intervenidas (chacras, purmas, pastizales, etc.). Varias de las especies de afaningas son depredadoras voraces de anfibios, reptiles, aves y mamíferos pequeños. Algunas se especializan en comer otras serpientes, incluyendo a las venenosas, por lo que podríamos considerarlas beneficiosas para los humanos que con frecuencia sufren sus picaduras (en realidad &#8216;mordeduras&#8217;).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me cuenta Ítalo Mesones que en la comunidad de El Porvenir, en el límite norte de la Reserva Nacional Allpahuayo-Mishana, los pobladores han observado un incremento significativo de shushupes en los últimos años. No pasa semana en que no encuentren una, a veces muy cerca de la comunidad, lo que ha comenzado a preocupar a los padres de familia, por la seguridad de los niños. La verdad es que los encuentros con shushupes (Lachesis muta) suelen ser bastante raros, en contraste con lo que ocurre con la jergón y la llamada cascabel, en realidad un juvenil del jergón (Bothrox atrox).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque Ítalo asegura que las shushupes no son un peligro, e incluso estuvo manipulando una enorme delante de los moradores de El Porvenir para demostrar que no son ciertas las historias de la supuesta agresividad de estas hermosas serpientes, para muchos la shushupe es poco menos que la encarnación del diablo. Sus picaduras son mucho más raras que las de jergón, pero también tanto o más letales, porque inyectan una gran cantidad de veneno (aunque no siempre resultan así las mordeduras porque controlan la cantidad de veneno inyectado). Lo que sí han podido comprobar los pobladores de El Porvenir con tantos encuentros indeseados con shushupes es que son falsas las historias de que esta serpiente persigue al hombre, y la única forma de salvarse es quitándose la camisa y arrojándosela a la serpiente para despistar. Las shushupes son bastante tranquilas y pasivas, y no se mueven de su lugar de descanso si no se las molesta. Por cierto que el nombre en inglés de la shushupe, &#8220;bushmaster&#8221;, señor del bosque, hace también referencia a su supuesto rol dominante o agresivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La proliferación de shushupes en El Porvenir sirvió a Italo, como buen forestal amazónico, para reflexionar con los comuneros sobre los motivos de tan extraño fenómeno: el desequilibrio ecológico. Efectivamente, en un bosque bien conservado, las shushupes son más bien raras, apenas se producen encuentros  veces al año. Sin embargo, en El Porvenir, como en quizás muchas otras comunidades, la gente tiene la costumbre de matar a todas las serpientes que se encuentra, especialmente las llamadas &#8220;serpientes rápidas&#8221; diurnas, las afaningas, loro-machacuis (o loro-machacos), aguaje-machacuis, pucuna-machacuis y similares, por ser muy visibles y tener un comportamiento aparentemente agresivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que la gente común desconoce es que varias de ellas, totalmente inofensivas para los humanos, son los predadores naturales de la shushupe y el jergón, por lo que terminan siendo beneficiosas. Lo mismo podría decirse de otros animales que la gente gusta de matar sin motivo alguno cuando prestan invalorables servicios como depredadores de insectos: sapos, murciélagos (exceptuando la única especie, entre más de 100 existentes en Loreto, que lame sangre humana, el &#8216;masho&#8217; o vampiro (Desmodus rotundus), y diversos reptiles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una vez escuché a un viejo cauchero, creo que se apellidaba González, una interesante historia sobre las serpientes. Él había trabajado la shiringa o jebe casi cuarenta años en el lado brasileño del río Yavarí. Los caucheros están bastante expuestos a accidentes con serpientes porque su trabajo los obliga a internarse en el monte a diario y por largas horas. González me dijo que él no había sido mordido por ninguna serpiente en su vida, pese a que tuvo muchos encuentros, en contraste con lo que pasaba con sus vecinos &#8216;shiringueiros&#8217; de Brasil: todos habían sido mordidos varias veces. El secreto, según él, es que se llevaba bien con ellas: nunca mataba ninguna, excepto precisamente a las shushupes, a las que profesaba un odio comprensible porque había visto morir a algunos compañeros picados por ellas. Sus vecinos &#8220;brashicos&#8221;, en cambio, mataban a toda serpiente, venenosa o no, que se cruzase en su camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La teoría y praxis de González no me parecen tan descabelladas. Es conocido que muchos animales detectan por el olor (o de otras formas que no conocemos muy bien) el humor y el carácter de los seres humanos: hay personas a las que siempre les ladran los perros, y otras a las que nunca. Hay personas que inmediatamente se hacen amigos de los animales domésticos cuando visitan una casa, y otras que provocan su recelo automático, e incluso intentos de agresión. También hay personas que provocan el llanto de los bebés humanos en cuanto se acercan, mientras que otros provocan sonrisas… No me cabe ninguna duda que eso tiene que ver con el carácter de las personas, sus buenos sentimientos y actitudes; o como dirían hoy, su &#8220;buena vibra&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No por gusto algún filósofo escribió una vez que quien es amable con los animales, también lo es con las personas, y quien es cruel con los animales, también lo es con las personas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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