Cada año, los empresarios del Perú, se reúnen para analizar aspectos importantes sobre la marcha del gobierno, especialmente en lo que se refiere a la economía, leyes que promuevan la inversión -de preferencia extranjera- que le dé confianza y seguridad al inversionista. Es el encuentro donde el gobierno merece, o un aplauso o una pifia.

En tiempos de elecciones, la atracción de CADE se centra en la presentación de los candidatos presidenciales, en la exposición de sus planes de gobierno en todos los sectores públicos.

Para los candidatos, esto es como el pasar un examen ante los grandes empresarios, quienes luego sabrán si conviene apoyar a uno de ellos.

Realmente, en esta cita lo que importa es el impacto que puedan causar ante los organizadores, dueños de las más grandes empresas y otros agentes asociados de la inversión extranjera.

En ella, los empresarios son los que de alguna manera ponen los puntos importantes de la agenda, los que quieren que sobre ellos se centre la preocupación de quienes pretenden conducir el país.

Una definición sobre esperadas reformas institucionales y políticas es lo    que CADE espera de los señores candidatos. Intuimos que eso estará centrado en la continuidad del crecimiento económico del país.

Pero lo que no solamente los empresarios esperan es conocer de boca de los candidatos cómo enfrentarán la inseguridad ciudadana generalizada en todo el país.

No se crea que esta reunión de empresarios y políticos sea de interés público. Su interés llega a un cierto grupo de personas, entre empresarios y los políticos.

Y los políticos deben andar con cuidado en sus planteamientos, porque el empresariado peruano tiene un poder real, no en palabras, sino en hechos.