SI DE ESTA INUNDACIÓN NO APRENDEMOS… ¿QUÉ PODEMOS ESPERAR?
Por: Luís Roldan Ríos Córdova. rioscordova@hotmail.com
Es cierto, esta es una de las peores inundaciones, nuestras poblaciones rurales temporalmente se quedaron sin tierra para producir, ocurren cada 50 o 60 años, pero ocurren, el que tiene ojos para ver, lo verá, el que tiene oídos lo oirá y el que no tiene capacidad de prevenir, lo sufrirá simplemente.
Paradójicamente, quienes más reclaman socorro no son los campesinos cuyas tierras de cultivo han quedado bajo el agua, sino, aquellos que han migrado a la ciudad.
Nuestra selva baja es lo más cercano al paraíso terrenal. No existen desastres naturales, nuestras inundaciones no cumplen requisitos de no saber cuándo van a ocurrir, no cumplen requisitos de violencia y muerte como los tsunamis o terremotos, no, nuestra creciente viene con su santa paciencia diciéndonos: Tomen sus precauciones. Sin embargo con el aval de nuestro sistema educativo, nos consideramos ¡pobres y tristes damnificados!
Cuando suponía que la inteligencia del amazónico ya debería estar en condiciones de sacarle ventajas turísticas a la mayor inundación, decidimos ser unos pobrecitos damnificados estirando las manos para recibir dádivas de la generosidad y la lástima social. ¡QUE PENA! ¿Qué hace nuestra educación que no forma hombres amazónicos capaces de responder a la creciente con respeto y creatividad?
Algún adicto de la caridad dirá que opino así porque no estoy en el lugar de ellos. Tal vez sí, pero,…TODOS TENEMOS CULPA, autoridades, periodistas, pueblo, la educación, el sistema judicial, la religión, tú, yo, él, nosotros, vosotros, ellos. Y de esa culpa, alguien gana, alguien pierde. Increíble. ¿Por qué los municipios siempre han permitido que los inmigrantes rurales ubiquen sus viviendas donde no deben hacerlo?
Bien dice José Álvarez, biólogo y también gran escribidor de artículos, la gente campesina o indígena de las riberas tienen su propia cultura, pues allí están los suelos más fértiles, se comunican mejor, tienen el agua y los peces al alcance, es decir, todo un conjunto de razones para ubicarse en las riberas.
Pero la gente que migra a la ciudad, es otro cantar, ellos deben ubicarse cumpliendo estrictamente las normas urbanas y reglamentos territoriales diseñados para una nueva forma de vivir, siguiendo los lineamientos del Plan de Desarrollo Urbano. Ellos, los inmigrantes ribereños no pueden venir a imponernos sus costumbres que acá no funcionan. ¿Por qué los permitimos imponerse si sabemos que todos los años van a sufrir? ¿Dónde hemos extraviado el principio de autoridad?, lamentablemente las respuestas vienen de historias deprimentes y decirlo ofende a la razón.
Tal vez el desorden no se haya propiciado para hacer grandes negociados, como dicen algunos, pero de este desorden, sí nacen condiciones que la prodigan.
Aplaudimos en inundaciones excepcionales como ahora, el trabajo responsable de las autoridades como lo está asumiendo ahora el GOREL coordinadamente con los municipios, pues, el mal ya está hecho, es oportuno las muestras de solidaridad del pueblo para socorrerlos, porque se quedaron sin tierra, efectivamente.
Espero, y muchos como yo, que esta inundación sea la última creciente del río que amerite la conmiseración social. Vamos a ponernos en orden todos, piadosos y pordioseros, misericordiosos y mendicantes, gobierno y pueblo.
Las autoridades regionales y locales de hoy, deben tomar al toro por los cuernos como no lo han hecho antes, no sé si por miedo al toro o al cuerno.
Enfrentémonos ya a este problema, involucrando en su solución al Gobierno Nacional como debe ser, empezando por la reubicación de los barrios de zonas inundables, como dice José Álvarez, en un nuevo Iquitos moderno y habitable, planificado y limpio y, así como acá, en todos los centros poblados.
Hagamos de las inundaciones excepcionales una oportunidad para la explotación turística, y aprendamos a dejar de sentirnos pobres víctimas de la naturaleza. Esto es el paraíso, aquí no existen desastres naturales. ¿Tengo que repetirlo más veces?
No podemos evitar la migración del campo a la ciudad, correcto, pero que se haga con reglas claras y el cumplimiento estricto de las mismas en saludable respuesta a los migrantes que vienen del campo a la ciudad en busca de las ventajas urbanas, seguramente porque allá son los más olvidados, resultado de una educación que sólo reproduce en ellos los errados conceptos de desarrollo concebido sólo y siempre con perfiles urbanos.
Las riberas de Iquitos no deben servir como aglomeraciones humanas, producto de la tiranía de los derechos equivocados, que terminan obligando a los gobernantes a asumir políticas desafortunadas; nuestras riberas deben estar libre de viviendas y acondicionadas para el turismo de todos sus habitantes y de los foráneos que nos visitan, para extasiarnos del Amazonas en toda su majestuosidad y capricho, desterrando la peligrosa “creatividad” de aprovechar el desorden y la pobreza como producto turístico de exhibición. ¡COÑO!
